Hola Paisano
El análisis de la pobreza experimenta una evolución profunda. De la estricta condición monetaria, el enfoque se desplaza hacia la comprensión de la disponibilidad de tiempo como fuente insustituible de bienestar.
Esta metodología innovadora, conocida como pobreza de tiempo, eleva los umbrales de la calidad de vida. Reconoce que el tiempo no solo es un recurso, sino un capital social que determina la capacidad de las personas para equilibrar las exigencias del empleo, hogar y descanso.
La Ciudad de México, a pesar de sus avances en la mitigación de la carencia económica, confronta la pobreza multidimensional. Entre 2018 y 2024, 850 mil personas superaron la pobreza extrema: se redujo de 1.7 millones a 864 mil, de acuerdo con la medición de Evalúa Ciudad de México.
En este marco, la privación de tiempo destaca como la dimensión de mayor incidencia. Más de la mitad de la población capitalina la padece.
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, aborda este desafío con políticas públicas que buscan restituir el tiempo perdido a la ciudadanía, particularmente el destinado a la convivencia familiar y el descanso personal. La estrategia se articula en dos pilares fundamentales.
El primero consiste en la creación de un Sistema Público de Cuidados con el que se busca liberar horas a las mujeres que históricamente han sostenido el trabajo doméstico. El segundo está en la inversión de la infraestructura de transporte público. Los tiempos de traslado extensos son el rostro más visible de la pobreza de tiempo, especialmente en las periferias, donde se pueden destinar hasta cuatro horas diarias al desplazamiento.
Estos esfuerzos adquieren una relevancia mayor cuando se analizan desde los indicadores internacionales de felicidad. El World Happiness Report 2024, elaborado por la ONU, demuestra que los países y ciudades más felices no son necesariamente los más ricos, sino aquellos donde las personas tienen mayor control sobre su tiempo y una mejor conciliación entre vida laboral y personal. En Finlandia, por ejemplo, las jornadas más cortas y los traslados eficientes se traducen en altos niveles de satisfacción vital y confianza comunitaria.
El desgaste temporal tiene consecuencias directas sobre la salud mental: la Encuesta Nacional sobre Bienestar Autopercibido (ENBIARE) del INEGI muestra que quienes reportan poco tiempo libre presentan el doble de probabilidad de sufrir síntomas de ansiedad o depresión.
Recuperar tiempo, entonces, es también reconstruir tejido social. La noción de “pobreza de tiempo” ilumina una desigualdad menos visible pero profundamente determinante: la que separa a quienes pueden disfrutar su ciudad de quienes solo la atraviesan.
Brugada ataja otra cara de la pobreza que también debe ser evaluada.