Libros de ayer y hoy
Muchas cosas compartí con Carlos Ferreyra Carrasco y muchas más faltaron por hacer juntos. Algunas las evocamos aquel mayo de hace dos años en el University Club cuando un grupo de periodistas le ofreció el testimonio de su afecto y le hizo un homenaje fraterno y poco frecuente en el gremio.
--Viejito, le dije muy cerca de su deteriorado oído, cuando el tumulto de los abrazos le permitió recibir el mío. Con sus enormes manos de oso –dedos salchichorrosados, diría Joyce--, me golpeó la espalda y mientras me apretaba el costillar, me dijo las más hermosas palabras que un amigo le puede decir a otro:
--Te quiero mucho, cabrón, no se te olvide.
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