
Teléfono rojo
Una reforma, grandes marchas… 35 años y ninguno aprende
La marcha del domingo en defensa del Instituto Nacional Electoral y contra la reforma política impulsada por la 4T se puede comparar en alguna medida, dicen los que saben y estuvieron, con las grandes dos grandes movilizaciones que la precedieron en la historia reciente:
La de Andrés Manuel López contra el presunto fraude electoral de 2006 y la llamada “marcha blanca” de la sociedad civil en protesta por la inseguridad precisamente durante su gestión como organizada durante su gestión como jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal.
Pero sin duda, lo que se vivió el domingo pasado es un ejemplo de como la clase política mexicana de cualquier signo o color sigue sin evolucionar y más bien se conduce reproduciendo los vicios de regímenes pasados.
Y hay sin duda muchos ejemplos de ello. Del lado de la oposición sin duda hay que reconocer que la ciudadanía que acudió a la convocatoria e inundó el Paseo de la Reforma se comportó de manera ejemplar a pesar de que prácticamente rebasó a los organizadores de la manifestación, pero los políticos de siempre no mostraron su mejor rostro.
Por ejemplo, el dirigente nacional del PRI, Alejandro Alito Moreno, que no tuvo la paciencia de escuchar, simplemente escuchar, a ciudadanos preocupados por la posibilidad de que los priistas traicionen la alianza opositora y al final voten con Morena como hicieron con la reforma que deja bajo el control militar a la Guardia Nacional como corporación de seguridad pública.
Qué decir del lamentable papel que jugó el secretario de Gobierno de la CDMX quien, fuera por hacerle caravanas a su jefa Claudia Sheinbaum o quedar bien con el Presidente, dio a conocer como dato oficial la inverosímil cifra de 12 mil participantes en la movilización, con lo que superó a sus predecesores de los más arcaicos momentos del priismo y los más torpes del panismo.
Y de la imprudencia del ex presidente Felipe Calderón a quien se le ocurrió citar a Guillermo Valdés, quien fuera su director del Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (el desaparecido CISEN), para entrarle a la guerra de cifras y afirmar que fueron más de 600 mil los asistentes a la marcha pro INE.
Otro que tampoco sabe de la mesura que debe caracterizará a un ex presidente fue Vicente Fox, autor de la antidemocrática andanada contra López Obrador previo a las elecciones de 2006 quien se merecía sólo por ello una buena tanda de abucheos por pararse en la marcha como si fuera un demócrata puro.
Así como la ex dirigente magisterial Elba Esther Gordillo que, escoltada, se apareció tan campante en Paseo de la Reforma pues ahora pretende volver a la cancha política en la sucesión presidencial de 2024, con el cinismo de quien no oculta una riqueza que, por más que se esfuerce, La Maestra no puede explicar de manera solvente.
O la senadora priista, Beatriz Paredes, que se escudó en la la protesta ciudadana para no comprometerse a votar en contra de la reforma electoral en uno de sus ya acostumbrados actos de malabares verbales.
Desde Morena, lamentablemente se oyeron los argumentos descalificadores minimizando la convocatoria alcanzada por la marcha, asegurando que esta una movilización de “políticos” de una oposición “marchita”.
Sin embargo, a pesar de que por desgracia no se escapó de esta inercia al atacar a José Woldenberg, ex presidente del IFE y orador único del evento, y afirmar que se trató de un streap tease del conservadurismo y de quienes defienden la corrupción, el presidente López Obrador por lo menos reconoció que, según sus números, fueron unas 50 mil o 60 mil personas las asistentes a la marcha y el mitin en el Monumento a la Revolución.
Así las cosas, por lo que se ve, han pasado 35 años de la ruptura del PRI como partido “casi único” y nuestra clase política toda aún no aprende que las reglas de la democracia no son un estorbo sino una palanca para el desarrollo y bienestar de la sociedad mexicana.
@nesojeda