
De frente y de perfil
Resulta que México decidió subirse al trapecio y quitar la red protectora. ¿Para qué hacer una prueba piloto o comparar experiencias, si se tiene la instrucción de un líder con sabiduría bananera? Bajo su guía se construyó una refinería que no refina, un aeropuerto sin aviones y un tren sin pasajeros.
En ninguna parte del mundo se hace lo que pronto sucederá en México. Dos referentes no similares: uno parcial en Bolivia, donde se han tenido pésimos resultados, y otro en Estados Unidos, a nivel local y solo en algunas entidades.
Hace días comenzó la campaña electoral de miles de candidatos que buscan un cargo en el poder judicial. Las reglas son confusas y los costales de mañas afloran. En las redes abundan mensajes de todo tipo: vi una coreografía que asemeja a un churro cinematográfico donde el protagonista se entrega con frenesí a Baal. Otro ejemplo patético: un conocido jurisconsulto se estrenó como danzarín y terminó su sketch con una lastimosa sonrisa muy al estilo de Julio regalado.
Ante la posibilidad de una escasa participación, los dueños del espectáculo dispusieron que a los consentidos del régimen los reforzaran algunos gremios y operadores de la casa. Por otro lado, “el baño de pueblo” es fundamental, y los candidatos oficiales recorren las secciones y municipios donde se realizará el acarreo. Nuestros aprendices de políticos levantan niños con pañal húmedo, palmean perritos o prometen sentencias benévolas a la aristocracia del barrio.
La farsa es evidente: la población tiene poca y deficiente información. El INE interpretó sin facultades la Constitución y cambió el sentido de la reforma. En muy pocos casos el ciudadano votará por los juzgadores que conozcan los expedientes en donde, en una eventualidad, sean parte. Eso sí, el crimen y Morena podrán colocar a jueces a modo.
El autor de la idea construyó una narrativa de odio para justificar la medida. Prometió que la justicia llegaría para quedarse; algo así como aquella fantasía de un sistema de salud al estilo Dinamarca, con la cual nos entretuvo varios años.
Parece increíble, pero sin ningún elemento objetivo, la gente compró la puntada que permite demoler el sistema de justicia. Mucho faltaba por hacer, pero ahora nos vamos veinte yardas para atrás y se pierden los avances logrados por la justicia federal en treinta años.
En esta semana hay elecciones para jueces en Wisconsin, y uno de los hombres más poderoso del mundo, no obstante no radicar en el lugar, se propuso evitar el triunfo de una de las candidatas y, con toda su “lana” e influencia, se metió de lleno en la contienda. Estoy “seguro” de que eso no sucederá en Badiraguato o Tierra Caliente, donde los narcos se mantendrán alejados del proceso. Todos saben que esos tipos son “demócratas” y quieren una justicia de calidad.