México en las calles y ellos simulando
@guerrerochipres
Aquel 11 de junio de hace 56 años inició la ruta del Ángel de la Independencia como epicentro inamovible para la catarsis colectiva. El detonante ocurrió a los 14 minutos del primer tiempo del partido entre México y Bélgica, en el Campeonato Mundial de 1970.
Gustavo "El Halcón" Peña acomodó el balón en el punto penal y con un derechazo anotó a la izquierda del portero. Ese triunfo llevó a México a los cuartos de final de la competencia. El silbatazo final desató un júbilo sin precedentes; miles de familias se congregaronespontáneamente en torno a la columna diseñada por Antonio Rivas Mercado.
Paseo de la Reforma asumía así el papel del gran escenario de la euforia. La estructura de bronce y cantera inaugurada por Porfirio Díaz en 1910 fue el símbolo para coronar la alegría.
Desde entonces, cada logro futbolístico de gran magnitud convoca a las multitudes hacia este punto. Ahora, luego del categórico pase de la Selección Mexicana al ansiado quinto partido tras vencer a Ecuador, la capital nacional experimentó la movilización más grande registrada en su memoria contemporánea: un millón 400 mil personas.
Los festejos imponen una reformulación respecto a la pertinencia de centralizar la alegría en un solo monumento. La madurez de una metrópoli global exige transitar de la simple contención hacia una cultura del cuidado colectivo, concibiendo como un pacto cívico indisoluble.
Frente a este panorama, la instrucción de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, es la de una intervención integral centrada en la descentralización de los festejos hacia diferentes plazas públicas igualmente históricas, como el Monumento a la Revolución, el Zócalo o los diferentes puntos con pantallas y los festivales futboleros.
Este modelo de gestión de eventos masivos divide las tareas operativas entre el resguardo médico, el control de flujos vehiculares y la orientación ciudadana. Sin embargo, la acción institucional resulta insuficiente si carece del respaldo de una comunidad dispuesta a cuidar de sí misma y su entorno.
El domingo, el encuentro con Inglaterra en octavos de final de la 23 edición de la Copa Mundialrepresenta un reto triple: deportivo por la exigencia del rival en la cancha, institucional por la demandante logística de seguridad requerida, y ciudadano por la imperiosa necesidad de demostrar civilidad en los espacios públicos.
La trascendencia de este compromiso —pronosticado por Mark Roberts, jefe de la Unidad de Policía de Futbol del Reino Unido, el año pasado cuando visitó el C5— configura una oportunidad para consolidar el avance técnico de los jugadores, así como exhibir la madurez cívica para festejar en paz y preguntarnos: ¿y si sí... descentralizamos los festejos?
Salvador Guerrero Chiprés es coordinador general del C5 de la Ciudad de México




