Hola Paisano
El Instituto Mexicano del Seguro Social atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. No se trata de una crisis aislada ni de un problema que pueda resolverse con una conferencia de prensa, un recorrido hospitalario o una nueva campaña de comunicación institucional.
Son demasiados frentes abiertos al mismo tiempo. Y todos conducen a una pregunta inevitable: ¿hasta cuándo puede sostenerse un modelo de conducción cuyos resultados están siendo cuestionados desde tantos sectores?
Zoé Robledo enfrenta una disyuntiva que ya no puede postergar: seguir administrando las dificultades con el mismo equipo y el mismo discurso, o emprender un verdadero golpe de timón que devuelva al Instituto capacidad de respuesta, eficiencia administrativa y confianza entre sus trabajadores y derechohabientes.
El problema es estructural. Las obligaciones pensionarias absorben recursos crecientes; los servicios médicos demandan mayores inversiones; los medicamentos, materiales de curación y equipos representan necesidades permanentes; y las obras comprometidas requieren presupuestos que no pueden multiplicarse por decreto.
El dinero es limitado. Las necesidades, en cambio, parecen interminables.
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