
Rabbuní, del turismo religioso a la experiencia transformadora
¡Bendito silencio! Fue tan inusitado que de momento me desconcertó. Logré percibir un sonido atroz: el bombeo de mi propio corazón. Después descifré las voces del aire: cascabeles al pasar entre las hojas de los árboles, como los pies de una bailarina al atravesar el cielo desnudo, semejantes a un ligero chasquido al tropezar con cualquier objeto o mi propio cuerpo…
Después del aparente no sonido descubrí las tres veladuras del silencio. La capa superficial es sólo el cese de ruido, de voces y sonidos. Una nada desconcertante y bella. Sólo eso. Debajo de esta capa se encierra la noción de un silencio más denso, donde danzan emociones e ideas, pero al adentrarte en él propicias el encuentro contigo, es aquí donde la meditación que nos lleva benévola a la propia conciencia. Es la parte más profunda del silencio.
No vivo en Japón, el país más ruidoso del mundo al que sigue España en esa aberrante clasificación, pero sé que en la Ciudad de México se disparan los sonidos a más de 65 decibelios, lo que la Organización Mundial de la Salud considera ruido.
Imposible así conciliar el sueño y llamar a tus ángeles, el ruido genera males cardiacos, trastornos de sueño y estrés. Baja la concentración, asesina ideas, rapta hasta 30 por ciento de productividad empresarial… no en vano amamos los minutos en que logramos captar sonidos plácidos como el canto del agua en las playas, el bamboleo de las hojas en el campo, el paso sinuoso del aire…
Sin embargo, hoy platiqué con un joven cantante y compositor, David Castillo, que me comentó una pesadilla viva: así como existe infoxicación, también vivimos una gran contaminación sonora.
–Sí, en las grandes ciudades los ruidos del tráfico, fábricas y demás resultan comunes.
–Pero existe otro ruido que pasamos por alto: el escuchar continuamente lo que no tiene sentido para ti, con lo que no te identificas…
–Sí, noticias de crímenes y violencia…
–No es sólo eso. Canciones sin sentido, ilógicas o fuera de tu realidad. Eso genera un ruido tremendo en tu psique. Eso estresa mucho más que el tráfico de la ciudad…
Ahora que disfruto una “rebanada” de silencio y el ruido se halla sólo en mis recuerdos, aparece la voz de David Castillo para decir eso: las canciones sin sentido también son ruido. Mañana mismo analizaré la letra de las canciones que escucho. Hoy no, en este momento en que repaso dulcemente las capas del silencio no pensaré más en ello.