Luis Alberto Zapata González recibe medalla Alejandro Raga de la UNAM
CIUDAD DE MÉXICO, 16 de octubre de 2026.- La historia de la UNAM muestra que la autonomía en distintos momentos ha debido responder a circunstancias y desafíos diferentes, como su defensa frente a situaciones políticas y sociales adversas, explicó la directora de la Facultad de Filosofía y Letras de esta casa de estudios, Mary Frances Rodríguez Van Gort.
Ha encontrado nuevas formas de expresión en sus leyes, órganos colegiados y en su vida académica, añadió al inaugurar la segunda mesa de discusión y análisis “La Autonomía Universitaria en el Tiempo”, en ocasión de los 475 años de la Universidad de México.
Ante el presidente del Consejo Directivo de Fundación UNAM, Dionisio Meade, la universitaria enfatizó que dicho principio es un compromiso social, no solamente son conceptos complementarios.
“Para quienes formamos parte de esta comunidad, la autonomía se expresa en la libertad de cátedra y de investigación, pero también en la libre discusión de las ideas, la pluralidad de perspectivas y en la capacidad de que la Universidad sirva para construir colectivamente sus decisiones”, afirmó.
Rodríguez Van Gort puntualizó que una institución de educación superior autónoma no es aislada de ninguna manera, sino que debe relacionarse con su entorno a partir de la independencia de su pensamiento, la responsabilidad de sus decisiones y la convicción de que el conocimiento constituye uno de los principales aportes a la sociedad.
En el encuentro académico -organizado por Fundación UNAM, el Seminario Universitario de Problemas Científicos y Filosóficos, así como por la Coordinación de Reforma Institucional y Prospectiva Universitaria- el titular de esta última entidad, Hugo Casanova Cardiel, aseguró que la autonomía, como la institución a la cual define, tiene un carácter contingente; es decir, se encuentra, como la Universidad, articulada a su tiempo y espacio.
Y acotó: “No hay una universidad definida para siempre y menos una autonomía definida de una sola vez. Esta no está sola, ni es monolítica o intemporal”. Además, la definió como un atributo histórico, complejo, cambiante y condicionado por elementos de negociación entre la institución y las diversas fuerzas que la rodean.
El también investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) apuntó que para la Universidad de la nación ha sido y es crucial para el cumplimiento de las tareas sustantivas.
Campo propicio
En su oportunidad, Dionisio Meade dijo que hoy en día existe mayor conciencia de que si no se acompaña con recursos suficientes el desarrollo, no solamente de esta Universidad, sino en general, nos quedamos cortos en la visión y en el alcance que el Estado debe tener con respecto a la visión que posee de las instituciones de educación superior.
La Universidad, abundó, tiene que repensarse a sí misma todos los días porque debe dar respuesta a esta capacidad. “Este monumental espacio que tenemos no lo es solamente por los edificios, sino por la diversidad de conocimiento, de sabiduría, de lugares de investigación que aquí se ofrecen, y la autonomía es un campo propicio para realizar este esfuerzo”.
En tanto, la académica del Colegio de Historia de la FFyL, Gloria Villegas Moreno, recordó algunos pasajes históricos de la Universidad, por ejemplo cuando Justo Sierra envió a Ezequiel A. Chávez a realizar estudios en distintas partes del mundo, previos a la creación de la Universidad Nacional y la redacción de su Ley Constitutiva. La institución vivió situaciones difíciles como cuando se quiso militarizar la preparatoria en tiempos de Victoriano Huerta, y podría ser obligatorio el servicio militar para los estudiantes.
La Universidad de México fue creada en medio de un proceso de acrecentamiento del poder real y de reducción de los poderes autónomos, enfatizó el investigador del IISUE, Armando Pavón Romero, ante el exdirector de la FFyL, Ambrosio Velasco Gómez; la investigadora del IISUE, Denise Judo Ramos; y la profesora investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana, Gabriela Contreras Pérez.
“En la Nueva España las concesiones otorgadas a conquistadores, evangelizadores y primeros colonos habían favorecido el surgimiento de poderes alternativos. Los dos primeros crearon proyectos de sociedad en los que cada grupo se consideraba el más adecuado para gobernar a la población indígena”, concluyó.




