La propuesta impositiva a la cerveza y licores para 2027
@guerrerochipres
La infraestructura preventiva ante sismos de la Ciudad de México constituye un imponente escudo invisible diseñado para activarse antes del embate de las placas tectónicas.
Este sábado 19 de septiembre, en punto de las 12:00 horas, el despliegue material y humano enfrentará un examen durante el Simulacro Nacional. Bajo la hipótesis de un sismo 7.7 con epicentro en Tehuacán, el país detendrá su marcha habitual para activar sus protocolos institucionales.
El ejercicio demanda seriedad absoluta ante la certeza de una naturaleza desprovista de calendarios o treguas.
Dentro del engranaje de protección civil capitalino, el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) opera como el sistema nervioso central, encargado de enlazar la prevención temprana con la respuesta gubernamental masiva.
Su intervención inicia de manera automática al captar la señal emitida por los sensores del Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), operados por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES).
En ese microsegundo crítico, el complejo informático procesa los datos y activa la dispersión sonora de la alera sísmica a través de 14 mil 156 sitios de monitoreo, valiéndose de 28 mil 287 altavoces distribuidos estratégicamente.
Al concluir la evacuación de los inmuebles, la Sala de Crisis del C5 centralizará el control político y operativo de la contingencia. El Comité de Emergencias de la Ciudad de México, presidido por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, utilizará la plataforma visual del centro para vigilar los distintos cuadrantes urbanos mediante 119 mil 711 cámaras de videovigilancia.
Esta red —la más robusta de América—facilita la evaluación de daños estructurales en tiempo real, el despliegue de los cuerpos de rescate y la medición exacta de los tiempos de reacción de las brigadas comunitarias.
La realización del simulacro en un día inhábil altera el laboratorio social del ensayo y rompe el molde previsible de los ejercicios corporativos o escolares. Esta modificación obliga a las y los habitantes a confrontar la vulnerabilidad dentro de sus propios hogares, en la informalidad de los mercados públicos o durante el esparcimiento en parques.
El fin de semana traslada el desafío logístico a las zonas habitacionales, poniendo a prueba los planes de emergencia familiares, porque los terremotos no conocen días feriados, no laborales o escolares... y la prevención tampoco debe tenerlos.
Salvador Guerrero Chiprés es coordinador general de C5 de la Ciudad de México