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CIUDAD DE MÉXICO, 3 de septiembre de 2025.— La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, sostendrán este miércoles una reunión bilateral en Palacio Nacional, en la que el tema central no es otro que el preocupante avance del crimen organizado en territorio mexicano y su impacto regional.
El encuentro, programado para las diez horas, marca el primer acercamiento formal entre ambas figuras desde la llegada de Sheinbaum al poder. Se da en un contexto complejo: mientras Washington presiona por una colaboración más enérgica en la lucha contra el narcotráfico —especialmente por el tráfico de fentanilo—, el gobierno mexicano insiste en que cualquier acuerdo debe regirse por los principios de respeto a la soberanía y no injerencia.
En conferencia previa a la reunión, Sheinbaum declaró que México está dispuesto a cooperar, pero dejó claro que “no aceptaremos condiciones ni subordinaciones. La seguridad nacional es responsabilidad del Estado mexicano, y así seguirá siendo”. La presidenta también sostuvo que “la violencia que nos duele no será resuelta con militarismo ni presiones externas, sino con justicia y gobernabilidad”.
Por su parte, Marco Rubio —quien funge como jefe de la diplomacia estadounidense desde enero— llegó a México con una postura firme. En declaraciones anteriores, el funcionario ha señalado que “México debe actuar con decisión contra los cárteles”, a quienes ha calificado como organizaciones terroristas trasnacionales que representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos.
Uno de los puntos más sensibles de la agenda bilateral es el creciente poder del crimen organizado en México, cuya capacidad operativa, armamentística y financiera ha alcanzado niveles sin precedentes. Según estimaciones del Departamento de Estado, al menos tres cárteles mexicanos tienen capacidad de operación transnacional en más de 20 países, incluida una creciente presencia en la frontera sur de Estados Unidos.
En los últimos años, grupos como el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y otras células han extendido su control sobre rutas clave del narcotráfico, minería ilegal, extorsión y tráfico de personas. Se calcula que el crimen organizado en México genera ingresos por más de 60 mil millones de dólares anuales, equivalentes al 4 % del PIB nacional.
Además, informes de inteligencia estadounidenses y europeos advierten que algunos cárteles han comenzado a fabricar fentanilo de forma autónoma, sin depender de insumos importados desde Asia. Esto ha elevado el nivel de alarma internacional, sobre todo ante la crisis de sobredosis por opioides que afecta a más de 100 mil personas al año en EE.UU.
En ese contexto, la presión de Washington por lograr una respuesta contundente ha ido en aumento. Rubio ha promovido en el Congreso estadounidense propuestas para designar como terroristas a los cárteles mexicanos, lo que permitiría operaciones extraterritoriales, incluso sin autorización del gobierno mexicano, algo que ha sido rechazado de forma categórica por el gobierno de Sheinbaum.
La reunión de este miércoles busca sentar las bases de un nuevo marco de cooperación bilateral en materia de seguridad, que supere al cuestionado Entendimiento Bicentenario —firmado en 2021 bajo los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden— y que fue criticado por su falta de resultados tangibles.
El equipo de Rubio ha dejado entrever que Estados Unidos pedirá mayor acceso para agencias como la DEA y el FBI en territorio mexicano, así como mecanismos de verificación mutua sobre operativos conjuntos, extradiciones y control de armas.
Sin embargo, el gobierno mexicano ha reiterado que no aceptará la reinstalación de agentes armados ni la intromisión de fuerzas extranjeras. “México no será patio trasero ni campo de entrenamiento para nadie”, expresó Sheinbaum durante un mensaje matutino.
Aunque el crimen organizado domina la agenda, la reunión también incluye temas de migración irregular, comercio dentro del T-MEC y la creciente presencia de China en América Latina. Este último punto preocupa a Washington, especialmente en áreas como tecnología, energía y seguridad cibernética.
Rubio buscará también discutir sobre la relación de México con gobiernos como Venezuela, Cuba y Nicaragua, así como el uso de plataformas digitales chinas para operaciones de desinformación.
La Cancillería mexicana, encabezada por Juan Ramón de la Fuente, ha dicho que se escucharán todos los planteamientos, pero con “plena defensa de los intereses nacionales”.
Se espera que al finalizar la reunión, ambas delegaciones emitan un comunicado conjunto y realicen una conferencia de prensa desde la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Aunque no se anticipan acuerdos vinculantes, este primer encuentro será clave para definir el tono de las relaciones México–EE.UU. en los próximos años, en particular en el terreno más difícil: el combate a la delincuencia organizada, cuyas redes parecen haberse infiltrado no sólo en territorios, sino en instituciones.
Mientras tanto, la ciudadanía observa con escepticismo. El poder de los cárteles sigue vigente: controlan regiones enteras, imponen “toques de queda”, cobran “derechos de piso” y financian campañas políticas. El Estado mexicano enfrenta no solo el desafío de detener su avance, sino de reconstruir su legitimidad y capacidad de respuesta.




