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Foto: Archivo

De norte a sur/Guillermo Correa

Guillermo Correa
 
| 30 de Septiembre de 2016 | 7:05
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Defendamos el maíz

En el marco del Día Nacional del Maíz que surgió hace siete años a iniciativa de varias organizaciones sociales, urge reflexionar qué sería de los mexicanos sin su alimento básico, los riesgos que conlleva utilizar el grano básico como energético en sustitución del petróleo que se agota, la lucha contra los transgénicos dominados por empresas trasnacionales como Monsanto y Pioner que pretender destruir nuestra semilla milenaria para en su lugar mercantilizarlas genéticamente modificadas que no a todos convencen y, sobre todo, ¿qué pasará con México si se toma en cuenta que las dos grande revoluciones, la de Independencia y la de 1910, fueron resultado más que nada de una fuerte escasez del producto que ahora controla Estados Unidos y que en cualquier momento, con Donald Trump o sin él, puede ser utilizado en contra nuestra?

Hay que considerar que se escogió la fecha del 29 de septiembre porque es el día en que la mayoría de los pueblos inician la cosecha de maíz y a que, como dijeron en su momento los convocantes, el reclamo de independencia, tierra y libertad vibran cada vez con más fuerza en nuestros estómagos, pues no pasa año en que no crezca nuestra dependencia alimentaria del extranjero y se reduzcan los apoyos reales al presupuesto que requieren los productores para lograr la soberanía y seguridad alimentaria, enriqueciendo a unos pocos y hundiendo en la miseria a la mayor parte de la población.

La desgracia del campo se extiende hasta las mesas mexicanas, a donde llegan los granos importados en forma de alimentos caros y de pésima calidad, hechos con conservadores, aditivos y transgénicos, lo que ha dejado, en consecuencia afirman organizaciones del agro, que el 70 por ciento de los mexicanos, si no es que más, sufra de sobrepeso y obesidad gracias a una dieta inadecuada que también ha engordado a unas cuantas compañías agroalimentarias, que se han enriquecido a costa de la salud de los mexicanos, ante la indolencia y complicidad de las autoridades.

Pese a la importancia que tiene el maíz en nuestras vidas como mexicanos, en momentos como el actual y los que empezaron a correr desde que arribó a la Presidencia de la República Miguel de la Madrid Hurtado seguido de tecnócratas hasta estos días, el grano básico –describe un documento de la Dirección General de Culturas Populares e Indígenas–, ha sido ignorado como elemento central de las comunidades que pueblan nuestro territorio; menospreciado en muchos sentidos incluyendo su valor alimenticio; desconocido en sus aportes en cuanto al desarrollo de la industria y la ingeniería de nuestro país; utilizado como calmante de inconformidades sociales y discriminado con relación a sus poderes curativos.

Recordemos que fue hasta inicios de los ochenta del siglo pasado en que México gozó de autosuficiencia alimentaria con base en el maíz. Pero con la llegada de los presidentes adoctrinados en el extranjero pronto empezó el declive. No hay que olvidar que Carlos Salinas de Gortari logró que el Congreso de la Unión modificara el artículo 27 constitucional, sagrado para quienes combatieron en la Revolución a favor de los más pobres, a fin de privatizar la tierra, que metió de lleno a México a la globalización a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y provocó la rebelión indígena del Ejército Zapatista de Liberación (EZL) que, paradójicamente, también cobró fama a nivel mundial. Sin embargo, los golpes contra el campesinado y los indígenas, cuya razón fundamental de existir es el maíz, continuaron con Ernesto Zedillo Ponce de León. Con la llegada del PAN al poder, todo lo anterior se profundizó y el sector rural sufrió como nunca, al grado de que retrocedió a las épocas porfiristas, con jornaleros tratados como esclavos y el despojo de predios en beneficio de extranjeros, como sucede ahora con Enrique Peña Nieto y las reformas estructurales, en el ramo de la minería, las comunicaciones y el turismo.

Enrique Martínez y Martínez, actual embajador de México en Cuba y ex titular de la SAGARPA, aceptó a principios de esta administración que ahora México importa maíz transgénico de Estados Unidos y desde entonces aumentó los apoyos jurídicos a las trasnacionales que quieren producir su grano aquí y que no lo han logrado gracias a la resistencia ofrecida por productores y organizaciones como las que siempre están presentes y no sólo en fechas emblemáticas. Actualmente se estima que hay 3.5 millones de productores maiceros en el país, la mayoría con un promedio de cinco hectáreas, muy poca tierra, hecho que se conoce como minifundismo. De este total, casi el 5 por ciento produce para la subsistencia, con escasos apoyos por parte del gobierno, lo que, a los del norte de México los ha obligado a rentar sus tierras a los grandes empresarios entre los que empiezan a dominar los chinos –tema próximo a desarrollar–.

Bajo esta realidad no se puede ocultar que México ha desbancado a Japón como el principal importador de maíz en el mundo con la compra, en 2015, de 11.9 millones de toneladas. En la primera mitad de este año, las importaciones mexicanas sumaron 7.3 millones de toneladas. Encima de las 11.1 y 5.6 millones de toneladas que adquirieron los nipones. Se trata, principalmente, de maíz amarillo –destinado al ganado–, en cuanto al blanco, que es para el consumo humano, tendemos a la autosuficiencia. Aunque, en verdad, muchas veces, se duda cuál es el que come gran parte de la población.

Gracias al TLCAN, los que venden maíz a México no pagan ningún impuesto arancel de 2008. El gobierno mexicano también compra el grano a Sudáfrica. De acuerdo con los mercados, hay tiempos en que existe sobreoferta del grano y esto provoca que la cosecha maicera interna baje de precio. Cuando se presenta la escasez sube de inmediato el precio de la tortilla y ya no vuelve a bajar, es el caso de los estados norteños en que el kilogramo llega a cotizarse a 16 pesos.

Lo grave es que las potencias exportadoras empiezan a optar por la fabricación de etanol con base en el maíz que comemos los mexicanos y, es entonces, que cada vez es más frecuente que no quieran vender. Esto, aunado a las sequías e inundaciones que provoca el cambio climático –no debemos dejar de tomar en cuenta que los productores mexicanos del agro dependen primordialmente del tiempo– hace que la escasez del alimento se agudice poco a poco, fenómeno que de acuerdo con el historiador Enrique Florescano, provocó las estallidos sociales más importantes de esta nación que, al igual que en otras, no hay quién se resista al hambre.

Desde el centro

Dirigentes de los pueblos indígenas, que en conjunto integran más de 25 millones de mexicanos, manifestaron su indignación ante las amenazas gubernamentales de cortar el presupuesto destinado a este sector en 2017, lo que, sostienen, significaría violar el artículo segundo de la Constitución y que el Presidente de la República no honra su palabra de apoyar a los pueblos nativos, condenándolos a una creciente pobreza.

En Veracruz y en todo el país se multiplican las exigencias de cárcel para los gobernadores corruptos que están en la mira. Se trata de César Duarte, de Chihuahua; Guillermo Padrés, de Sinaloa; Roberto Borge, de Quintana Roo y a Javier Duarte, que ya fue despojado de sus derechos como militante del PRI. Quien no tiene perdón es Margarita Zavala, la esposa de Felipe Calderón, que disque quiere ser presidenta de México.

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