Nada Personal
En las redes circulan escenas de médicos, enfermeras y trabajadores del IMSS que son reprimidos por las policías del régimen. Lo mismo en la Ciudad de México que en Toluca o Pachuca. Las y los gobernadores de Morena olvidaron aquello del “humanismo mexicano” y les ordenaron a sus educados policías que golpearan a quienes, hasta hace poco, eran los héroes de la lucha contra el COVID.
El 19 de enero de 1943 nació el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ese acontecimiento marcó el cumplimiento de un compromiso de la Revolución y un éxito, ahora no reconocido, de los gobiernos priistas. Por mi edad y no por otra cosa, tengo muchos ejemplos del prestigio que tuvo el sistema de salud del país. En Saltillo, a unas cuadras de mi hogar paterno, estaba el imponente edificio de la Clínica Uno del Seguro Social; muy cerca, el edificio sindical, con sus grandes salones y su cancha de frontón. El complejo hospitalario tenía un excelente teatro, donde fui por primera vez a una obra, y también áreas para la formación de personal y para las actividades artísticas y culturales de la comunidad. Era un orgullo para la ciudad aquel imponente edificio. Después vendrían más instalaciones médicas para atender la demanda de una ciudad que se abría a la industria.
La política de salud durante los gobiernos de Morena se caracteriza por su rotundo fracaso. Es fácil encontrar las causas y van varias: 1) La tremenda ignorancia de López Obrador y la centralización de las decisiones; 2) La sumisión de sus colaboradores, quienes prefirieron callar ante las torpes órdenes que recibieron en lugar de enfrentar al presidente con cifras y datos. El mejor ejemplo de lo anterior es la estrategia para combatir el COVID; 3) La destrucción de lo construido durante los sexenios anteriores, en lugar de su perfeccionamiento o reforma; 4) Las dificultades financieras del gobierno; 5) La falta de crecimiento de los ingresos provenientes de las cuotas obrero-patronales, en un contexto de escaso crecimiento del empleo formal; 6) La torpe y deficiente administración del sector salud, que incluyó el desmantelamiento de las cadenas de distribución de medicinas.
Las cifras lo dicen: según el INEGI, la carencia por acceso a los servicios de salud pasó del 16.2 % de la población en 2018 al 34.2 % en 2024. No hay nada más contundente y descriptivo que eso. La población, ante el flagelo, busca otras salidas; una de ellas es el sector privado. La atención médica de primer contacto ha crecido de manera significativa, según lo señalan las estadísticas oficiales. Las farmacias de barrio y sus consultorios se convirtieron en la tabla salvadora para una buena parte de quienes padecen algún mal. En este rubro de atención también se incluyen los laboratorios de bajo costo.
A lo anterior hay que sumar las difíciles circunstancias que atraviesan los trabajadores de los servicios públicos de salud. En los últimos días, por todo el país, ha surgido una inconformidad que se manifiesta en las calles. Son los empleados del IMSS quienes, de manera valiente, salen a protestar para solicitar no solo un mejor sueldo, sino también equipo e insumos para realizar su trabajo. El gobierno federal y los gobernadores de Morena, en lugar de propiciar el diálogo y buscar soluciones, optaron por descalificar y golpear a los manifestantes.