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CIUDAD DE MÉXICO, 16 de noviembre de 2025.- La Encefalopatía Traumática Crónica (ETC) se ha convertido en una de las mayores preocupaciones en el futbol americano profesional.
Esta enfermedad neurodegenerativa está asociada a golpes repetitivos en la cabeza y se caracteriza por la acumulación anormal de la proteína tau en el cerebro.
Con el tiempo, provoca deterioro cognitivo, cambios severos de conducta, depresión, pérdida de memoria y, en casos avanzados, demencia.
Aunque solo puede diagnosticarse de manera definitiva post mortem, sus efectos han sido documentados en numerosos exjugadores de la NFL, lo que ha generado un profundo debate sobre la responsabilidad de la liga.
Entre los casos más emblemáticos se encuentra el del linebacker Junior Seau, quien se suicidó en 2012 y cuya autopsia reveló ETC avanzada.
Su muerte generó un punto de inflexión en la discusión pública sobre los riesgos del deporte.
Otro caso notable es el del safety Dave Duerson, también diagnosticado con ETC tras quitarse la vida en 2011; dejó instrucciones explícitas para que su cerebro fuera estudiado.
Asimismo, el ala cerrada Aaron Hernández fue condenado por asesinato en 2015 y posteriormente encontrado muerto en su celda en 2017.
Tras su muerte, le fue hallado una de las formas más graves de la enfermedad registrada en un jugador de su edad, a pesar de tener solo 27 años.
Estos casos han presionado a la NFL para reforzar protocolos de conmociones, invertir en investigación y mejorar las condiciones de seguridad, aunque el debate sobre la protección de los jugadores continúa abierto.