Scott Mainwaring discrepa del argumento de Juan Linz que define al presidencialismo con una tendencia de “ganador único” mayor que el parlamentarismo, sosteniendo que esa tendencia depende del sistema electoral y de partidos, es decir, las reglas del juego. Realiza una crítica al sistema parlamentario de tipo Westminster por no proporcionar control legislativo sobre el primer ministro, gracias a que los partidos disciplinados contando con mayoría parlamentaria apoyan iniciativas políticas y legislativas al margen de las propuestas, lo que incentiva una lógica de “ganador único”. Esta desventaja del parlamentarismo es controlada en el sistema presidencial cuando se instituye un sistema de controles y equilibrios, pesos y contrapesos, diseñados institucionalmente para limitar que el ganador controle todas las acciones del sistema político. Además el sistema presidencial permite construir gabinetes de diversos partidos, asignando puestos con la finalidad de atraer apoyo o recompensarlo. Esto divide la lógica del ganador único.

Estamos de acuerdo con la propuesta de rescatar las ventajas del sistema presidencial en la posibilidad de generar un gobierno estable a través del acuerdo, del consenso y de la política de negociación y conciliación. La lógica del ganador único puede limitarse cuando institucionalmente se definen límites del poder, tanto presidencial como legislativo y en su relación con el poder Judicial.

Las ventajas de los sistemas presidenciales y los tipos del presidencialismo: el argumento en favor de las presidencias débiles

Ambos capítulos logran describir los argumentos en torno a presentar los elementos atractivos del sistema presidencial, que pueden ser aprovechados mediante un diseño institucional cuidadoso. El primer argumento es que la legitimidad dual puede ser regulada si los poderes están claramente definidos y el método de elección limita la fragmentación del sistema de partidos, de esa forma el votante puede ejercer control ciudadano en el gobierno democrático representativo al escoger entre la oferta de partido en mando o bien en la oposición. Esto permite que las minorías partidarias puedan ofertarse como una posibilidad en todo el espectro político para el ciudadano, circunstancia que en el modelo parlamentario Westminster no funciona, logrando que el reclamo de las minorías influyentes pueda romper con el sistema político parlamentario, como ha ocurrido en el Tercer mundo. Por tanto, una elección presidencial puede ser estructurada como una contienda en la que el votante se identifica con el gobierno o con la oposición, o bien con opciones que posteriormente adquirirán fuerza parlamentaria o incluso llegar a ocupar el mando del Ejecutivo.

En México, la defensa de la democracia constitucional no sólo es un atributo jurídico, también es un fenómeno político dada la amarga experiencia del régimen del general Díaz y por tanto, la rotación en el poder ejecutivo ha dado estabilidad social y política al desarrollo de la economía y la sociedad al continuar por el camino de un sistema presidencial con relativos equilibrios y contrapesos y consolidar al monarca absoluto pero sexenal, imaginado por Daniel Cosío Villegas.

*Politólogo, académico, periodista. Director Editorial: ESCENARIO POLÍTICO.

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