CIUDAD DE MÉXICO., 19 de abril de 2019.- No hay fecha que no llegue, ni plazo que no se cumpla y este Jueves Santo, con un beso en la mejilla Jesús de Nazaret fue entregado a los romanos para ser juzgado por ser un falso profeta.

El hijo de Dios arribó junto a sus apóstoles al Jardín de los Olivos, dónde sostuvo una conversación, para pedirles no intervinieran al momento de ser aprehendido por los romanos.

Una vez expresada la petición, y como si el tiempo se detuviera, los apóstoles cayeron un estado de trance, tiempo que fue aprovechado por Jesús para entablar una larga charla con el Ángel.

Acto seguido se enfrascó también en una plática con Lucifer, quien le su afán de doblegarlo le ofreció la última tentación, al pedirle renunciar al mandato, lo cual fue rechazado por Jesús, ya que era su misión y así salvaría a la humanidad.

Al finalizar, Jesús despertó a sus apóstoles a quienes les pidió mantuvieran la calma con los demás y continuaran con el legado de Dios.

Los clarines se escucharon a los lejos anunciando la llegada del traidor de Judas, que con un beso en la mejilla daría la señal a los romanos para que lo aprehenderian y asi llevarlo al juicio y fuera encarcelado.