CIUDAD DE MÉXICO, 19 de mayo de 2019.- Luego de una semana que los habitantes de la Ciudad de México experimentaron uno de los más agudos episodios ambientales por la contaminación atmosférica, la sigla de un contaminante prendió la alerta en materia de salud: la materia particulada, mejor conocida como partículas PM2.5.

La Secretaria de Salud de la Ciudad de México informó que la exposición a contaminantes atmosféricos se asocia a diferentes daños a la salud.

En el caso de las partículas PM2.5 y menores, las exposiciones son más peligrosas porque pueden ingresar con mayor facilidad al organismo. Su tamaño permite que al ser inhaladas puedan llegar a los alveolos pulmonares e ingresar al torrente sanguíneo.

La exposición aguda afecta a todas las personas y se asocia en mayor o menor medida a irritación ocular, nasal, faríngea y bronquial, resequedad de piel y dolor de cabeza.

Las personas más susceptibles son: niños, adultos mayores, enfermos con patología metabólica, respiratoria o cardiovascular.

Las exposiciones agudas se asocian con un aumento de la morbilidad por enfermedades respiratorias y cardiovasculares, aumento de las infecciones respiratorias, exacerbación de cuadros asmáticos, disminución de la función pulmonar, respuesta inmunológica alterada.
 
Se pueden monitorear a través de identificar el aumento de la demanda de atención médica y de urgencias por estas causas.
 
Las exposiciones crónicas están más asociadas al aumento de mortalidad por enfermedades respiratorias y cardiovasculares, mortalidad prematura, aumento de casos de asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer de pulmón y otras neoplasias. Algunas investigaciones también las asocian a partos prematuros y al aumento en la mortalidad por diabetes.
 
Estos eventos también se pueden monitorear a través de los registros hospitalarios, de servicios de urgencias y estadísticas de mortalidad.

Recomendaciones para reducir la exposición
 
La Secretaría de Salud recuerda a la población seguir las siguientes recomendaciones:

Evitar o limitar al mínimo posible las actividades cívicas, culturales, deportivas y recreativas al aire libre.

No realizar ejercicio, ni actividades deportivas en espacios abiertos (parques, jardines, centros deportivos, canchas, etc.) por el riesgo de aumentar la cantidad de contaminantes inhalados.

Las personas vulnerables como niños pequeños, adultos mayores y personas con padecimientos cardiovasculares, bronquitis, asma, enfisema, infecciones respiratorias, deberán permanecer en sus hogares.

No cocinar con leña o carbón. No encender velas o incienso.

No fumar 

Si se vive en lugares cercanos a una zona de incendio, donde el humo sea denso, colocar toallas húmedas en las ranuras de puertas y ventanas. De ser posible, retirarse del área. 

Acudir al médico si se tiene dificultad respiratoria, dolor en el pecho o síntomas de empeoramiento de una infección respiratoria. 

Beber al menos 2 litros de agua diariamente. 

Evitar el uso de lentes de contacto si se tiene que transitar por la vía pública.