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CIUDAD DE MÉXICO, 17 de noviembre de 2025.- La periodista Lydiette Carrión, autora de La fosa de agua, regresa con una investigación que rastrea cómo la violencia feminicida se transforma en un producto de consumo y una herramienta de disciplina social.
En Feminicidio mítico, (Debate) la periodista ganadora en 2019 del Premio Gabriel García Márquez analiza por qué algunas marcas de lujo y la cultura pop convierten en productos de consumo o publicitan prendas y artículos inspirados o con alusiones a contextos vinculados con feminicidios.
La también escritora y editora de Página, refiere en entrevista con Quadratín México, que tras varios años de cubrir casos de feminicidios, para distintos medios de comunicación, emprendió la tarea de investigar cómo el feminicidio, a través de su representación mediática e histórica, se somete a un proceso de mitificación donde los motivos y las víctimas son transformados culturalmente para servir a un discurso de disciplina o educación.
-Lydiette, hay mucha expectativa sobre tu nuevo libro, Feminicidio mítico, especialmente por su conexión con tu trabajo anterior sobre violencia de género. ¿Cómo surge esta investigación, más allá del interés de seguir el tema?

-Es un libro sobre algo de lo que no hablamos. Durante años, mientras cubría casos de feminicidio y daba talleres a colegas, me di cuenta de un patrón perturbador: cosas que reportábamos en la prensa para denunciar eran retomadas por la ficción, el cine y, lo más escandaloso, por campañas de moda y mercadotecnia de lujo. Recuerdo una línea de ropa que supuestamente se inspiró en los feminicidios de Ciudad Juárez.
El detonante fue una reportera, quien me dijo algo simple, pero impactante: "Oye, pero es que esto se lo venden a mujeres". Yo no lo había dimensionado. Los publicistas no son ingenuos; son trabajos millonarios. Hay que investigar por qué esta gente, que sabe lo que hace, utiliza casos reales de feminicidio para vender perfume o tacones.
-Entonces, ¿el concepto de feminicidio mítico se refiere a esa fase donde un crimen se vuelve un producto de consumo?
-Es más profundo. Me refiero a la mitificación de las motivaciones detrás del feminicidio. La violencia extrema contra las mujeres es producto de una desigualdad muy real. Pero la cultura, a través de estas narrativas, convierte los hechos en un discurso que sirve para educar o disciplinar a otras mujeres.
Pongo un ejemplo bíblico: el sacrificio de la hija de Jefté, donde ella es culpable por salir de casa. Es el primer feminicidio narrado en la Biblia, estamos hablando de casos que ocurrieron hace 3 mil años.
Jefté es un líder guerrero y él le promete a su dios que le va a entregar en sacrificio a lo primero que salga vivo de su casa si gana la guerra. Tras volver de la batalla, quien primero sale es su hija. Entonces él dice: "Ay, pues lo siento", "pues qué tristeza", "me da mucha pena"; es casi casi culpa de su hija por haber salido de su casa. Esta historia se va a repetir como anécdota con los griegos, en la Edad Media y con toda una mitología.
-Si la exposición a esta simbología es constante, ¿esto genera un entumecimiento en la sociedad?
-Hay de todo. Por un lado, sí hay una tendencia a la repetición. La gran mayoría de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia o temido por su vida. Hay una búsqueda de entender por qué. Por eso consumimos tanto true crime. Es un consumo diferenciado; los hombres se obsesionan con historias de guerra, y nosotras con historias de crimen y violencia sexual. Quizás porque buscamos entender o prevenir.
El problema es que estos productos de entretenimiento están construidos a partir de esos mitos que no se sostienen en la realidad. Estamos agotados y pasivos frente a la televisión, y esos discursos nos llegan sin filtro.
-¿Por qué algunas marcas de alta gama son las que más recurren a esta estridencia?
-La estridencia apela a un interés latente de una importante población de mujeres. Es un tema que nos toca lo emocional, lo íntimo, y que refleja un riesgo que sentimos todo el tiempo. Vivimos en un ambiente feminicigénico donde la presencia ineludible de la violencia —series de asesinos seriales, podcasts— alimenta un miedo real.
En ese caldo de cultivo, la publicidad se juega muchas cosas: la identificación y la posibilidad de experimentar vicariamente un miedo que no pueden resolver.
Finalmente, la forma en que se representan estos crímenes está, sutilmente, disciplinando nuestro comportamiento en el espacio público. Es un fenómeno al que hay que ponerle atención, no desde la moral, sino desde el análisis.
- Respecto a los riesgos, ¿hay peligro en que estos mitos sigan vigentes a pesar de los avances del feminismo?
Los movimientos feministas han logrado desmontar muchas cosas. Por ejemplo, la campaña inspirada en Juárez se bajó por la organización de mujeres, y eso es súper importante. Sin embargo, estas narrativas se han acumulado por siglos. La idea del libro es aportar a desarticular estas ideas míticas y preconcebidas que tenemos sobre la violencia.
No abogo por una policía moral, pero sí por empezar a hablar de esto y darnos cuenta de que muchas cosas que damos por sentadas no son verdad. Si mi libro logra que mis lectoras se pongan las gafas violetas y miren su entorno con otros ojos, que volteen a ver una campaña y digan "A ver, yo vi esto, me di cuenta de esto", mi aspiración estará cumplida.
-¿Dónde podemos encontrar Feminicidio mítico?
-Lydiette: El libro ya está en librerías… Espero que la discusión sobre estos temas sea profunda. Por eso lo escribí de forma muy accesible: para que se lea, se discuta y se logre remover esa parte de la cultura que normaliza la violencia.