Video killers

La ociosidad es la madre de todos los vicios y en ocasiones de algunos crímenes. Ese fue el caso de Daniel Petric, joven de 16 años de edad, a quien una mezcla de enfermedades mentales y su adicción a los video juegos violentos, motivaron que asesinara a sus padres.

El adolescente jugaba con un amigo durante horas un video juego, conocido como Halo, a tal grado que los padres de ambos les prohibieron seguir con esa práctica.

La prohibición no fue un impedimento para el joven Daniel, quien a pesar de encontrarse enfermo de una infección, un día pudo escabullirse, salir de su casa y comprar el juego de video, para reponer el anterior equipo.

El muchacho había perdido el sentido común. Aprovechaba la ausencia de sus padres que trabajaban y abandonó la escuela para jugar jornadas de hasta 18 horas.

No pudo esconder por mucho tiempo esta adicción, hasta que colmó la paciencia de sus padres, quienes enojados le retiraron el juego y en esta ocasión lo guardaron en una caja fuerte, en donde también resguardaban una pistola. Grave error.

Daniel enloqueció. Puso todo su empeño para conseguir la clave de acceso y finalmente pudo sacar el video juego y también el arma.

Con sangre fría, el muchacho guardó la pistola entre su ropa. Les comentó a sus padres que les tenía preparada una sorpresa, pero que para ello debían cerrar sus ojos, a lo cual los padres accedieron, sin imaginar lo que sucedería.

Daniel Patric disparó el arma prácticamente a quema ropa. Su madre falleció de manera inmediata, mientras que su padre cayó de bruces, con un disparo en el cráneo. Sin embargo, no murió de inmediato, situación que no fue percibida por el asesino.

Daniel colocó la pistola en una mano de su padre, con la idea de fingir que después de una pelea marital, su progenitor había disparado sobre su madre y arrepentido de esta acción, se había suicidado.

Una coincidencia o “diosidencia”, como señalan quienes consideran que las coincidencias son de origen divino, hizo que la hermana del homicida, mayor que él, llegara con su esposo a la casa de los padres asesinados y se encontró con el fatal cuadro. 

El hermano homicida gritaba que su padre había asesinado a su madre. La policía pronto llegó y detuvo al joven como principal sospechoso. Los investigadores policiacos pronto descubrieron la verdad. Los psicólogos abocados al caso, detectaron en la personalidad del joven cero tolerancia a la frustración e impulsos de ira que no podía controlar, lo que lo llevó a asesinar a sus padres, ante la incautación del juego de video.

No era la violencia contenida en su juego preferido, lo que había impulsado al joven a asesinar a sus padres, sino la conformación de su psique, lo que lo llevó a cometer un acto de ese tipo. Después de cumplir la mayoría de edad, fue condenado a cadena perpetua, con una revisión de condena que se realizará en 2031.

Devin Moore, era otro joven estadounidense, que había cometido diversos delitos menores, hasta que en 2005 asesinó a tres agentes de policía en Alabama, después de que fue acusado de robar un auto.

El muchacho había sido aprehendido infraganti, y los policías lo escoltaban para llevarlo a un centro de detención, pero uno de ellos tuvo un descuido mortal, que el muchacho aprovechó para quitarle su arma y asesinar a los policías. La causa: tenía un miedo terrible de llegar algún día a la cárcel, por lo cual prefirió asesinar a los guardianes.

“Todo mundo tiene que morir, porque la vida es como un video juego”, dijo de manera inesperada Devin, cuando fue detenido por otros policías que llegaron al lugar del homicidio. Palabras insensatas, que después fueron recopiladas por el fiscal del caso que descubrió que el homicida era afecto a jugar Grand Theft Auto: Vice City, video juego de extrema violencia.

La defensa alegó el abuso emocional y físico, como causa fundamental de la psique del muchacho y principal motivador de su acto homicida y no el video juego al que era afecto, lo cual desató una polémica en la Unión Americana.

Un entramado similar se acaba de repetir en México, con el chico homicida del Colegio Cervantes, de Torreón, Coahuila, en el que prevalecen elementos como la adicción a los video juegos y una vida llena de abandono o abusos.

Los especialistas indican que no son los juegos de videos los responsables directos de esos homicidios y que deben encontrarse las causas psico sociológicas, como fuente de incubación de los actos homicidas de los ya llamados video killers, muchos de ellos que viven mezclados entre nosotros, sin que podamos percibirlos.

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