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CIUDAD DE MÉXICO, 13 de enero de 2026.- Una historia de amor, soledad y pertenencia se abre paso entre las calles del Centro Histórico de CDMX: Memoria en el asfalto, monólogo escrito por Aldo Martínez Sandoval, protagonizado por Carlos Ordóñez, dirigido por Daniela Parra y que inicia su nueva temporada, en el Foro Alternativo del Centro Cultural Helénico, del 31 de enero y al 15 de marzo de 2026.
Nominada a los Premios Metropolitanos de Teatro como Mejor Espectáculo Unipersonal, la obra regresa para reencontrarse con el público en un espacio íntimo, donde cada espectador se convierte en testigo cercano de una experiencia profundamente humana. Solo se realizarán 14 funciones.
Yo no nací, me despertaron”, frase que marca el inicio de un viaje emocional en el que un personaje camina —literal y simbólicamente— por el corazón de la ciudad, dejando que las calles, los nombres de países, la memoria prehispánica y los recuerdos personales activen la búsqueda de algo irremplazable: aquello que se ha perdido.
Memoria en el asfalto es una historia de amor y un retrato de la inocencia, la madurez y la soledad que se esconden en los vínculos con los lugares que nos formaron. Es un monólogo que remueve referentes comunes y provoca una reflexión íntima sobre la memoria, el arraigo y la nostalgia urbana.
El proyecto nace de un ejercicio de colectividad encabezado por Carlos Ordóñez, quien convocó al dramaturgo Aldo Martínez Sandoval, colega y docente de Casa del Teatro, y a la directora Daniela Parra, con quienes comparte una trayectoria sólida dentro de la escena teatral mexicana, incluida la Compañía Nacional de Teatro. El equipo creativo se completa con Juan Pablo Aguayo, en un proceso donde dramaturgia, dirección y actuación dialogan de forma orgánica.
Viví en ese lugar muchos años de mi infancia, me protegió y curiosamente hasta el día de hoy es un sitio al que siempre vuelvo. Esta obra es un homenaje a cómo podemos amar profundamente los lugares y cómo esos recuerdos, aunque hermosos, también pueden doler”, explica Martínez Sandoval, en un comunicado.
Y con una duración de 75 minutos, la puesta en escena se vive como una confesión compartida, una comunión escénica donde el público no sólo observa, sino acompaña.




