Virgen del Brasil en disputa electoral
En los negocios, tan importante como conocer dónde estamos es intentar anticipar hacia dónde vamos. Y en una economía que durante los últimos meses ha transitado entre la desaceleración, la incertidumbre y algunas señales incipientes de recuperación, contar con instrumentos que permitan tomar el pulso de la actividad productiva adquiere un valor especial.
Por eso vale la pena detenerse en el Indicador IMEF y, sobre todo, convertir su lectura mensual en una referencia habitual para empresarios, inversionistas y tomadores de decisiones.
El reporte correspondiente a septiembre de 2026 ofrece una fotografía que podría resumirse en pocas palabras: México parece estar dejando de caer, pero todavía no despega.
Los indicadores muestran mayor estabilidad frente a la debilidad de meses anteriores, aunque el propio IMEF advierte que todavía no existe evidencia suficiente para confirmar una recuperación generalizada. El deterioro ha perdido intensidad, pero la recuperación continúa siendo heterogénea.
Hay, sin embargo, señales que vale la pena observar.
El Indicador IMEF Manufacturero pasó de 49.9 a 50.0 puntos en septiembre. Puede parecer un movimiento marginal, pero alcanzar los 50 puntos tiene un significado particular: es justamente el umbral que separa una zona de contracción de una de expansión. Además, la tendencia-ciclo avanzó hasta 49.9 puntos.
Pero aquí comienza la importancia de no quedarse solamente con el encabezado.
Dentro de la manufactura, los nuevos pedidos se ubicaron en 50.2 puntos y el empleo también llegó a 50.2, entrando ambos en terreno expansivo. Al mismo tiempo, la producción retrocedió hasta 47.7 puntos. Es decir, hay señales positivas, pero todavía no suficientes para cantar victoria.
La situación es todavía más cautelosa en servicios y comercio.
El Indicador IMEF No Manufacturero pasó de 49.0 a 49.2 puntos, pero continúa debajo de la frontera de expansión. Más preocupante resulta el empleo, que cayó hasta 47.6 puntos, mientras nuevos pedidos permanecieron también en terreno contractivo.
¿Qué nos dicen realmente estos números?
Que la economía mexicana podría estar encontrando cierto piso, particularmente en la actividad manufacturera, pero aún carece de la fuerza suficiente para hablar de una recuperación sólida.
Y aquí está, desde mi perspectiva, uno de los grandes valores del ejercicio que realiza mensualmente el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas.
El Indicador IMEF no pretende decirnos cuánto crecerá exactamente la economía. Su función es diferente y, para quienes toman decisiones empresariales, quizá más interesante: fue construido para anticipar la dirección de la actividad manufacturera y no manufacturera y ayudar a inferir la posible evolución de la economía en el corto plazo.
Eso lo convierte en una especie de radar empresarial.
Un empresario no decide una nueva inversión únicamente observando el PIB del trimestre anterior. Tampoco contrata personal, aumenta inventarios, amplía una planta o adquiere deuda mirando exclusivamente lo que ocurrió hace seis meses.
Las decisiones se toman mirando hacia adelante.
Por eso resulta especialmente valioso seguir la secuencia mensual del indicador: pedidos, producción, empleo, inventarios y entregas comienzan a contar una historia antes de que esa historia aparezca plenamente reflejada en otras estadísticas.
Además, hay otro elemento que fortalece el ejercicio. El Indicador IMEF es elaborado bajo la responsabilidad de un Comité Técnico integrado por especialistas provenientes de los sectores privado, público y académico, y cuenta con el apoyo técnico y normativo del INEGI. Cada mes, el Comité analiza la coyuntura económica y publica sus resultados al inicio del mes siguiente.
No estamos, por tanto, frente a una encuesta más.
Estamos ante un instrumento que puede ayudar a construir una lectura temprana de lo que está ocurriendo dentro de las empresas y, a partir de ello, identificar tendencias.
Y el reporte de septiembre también coloca algunas luces amarillas sobre el tablero.
El análisis de coyuntura del IMEF señala riesgos relacionados con la inversión pública, las finanzas gubernamentales, la inflación, el comportamiento del tipo de cambio y la evolución del diferencial de tasas entre México y Estados Unidos. También llama la atención sobre el crecimiento de las exportaciones de equipo de cómputo, pero advierte sobre su bajo contenido nacional y las implicaciones que esto podría tener frente a la revisión del T-MEC.
Son temas que terminan llegando directamente a las empresas.
Porque detrás de conceptos como inflación, tasas de interés, tipo de cambio o inversión pública existen decisiones concretas: invertir o esperar, contratar o contenerse, acumular inventarios o reducirlos, endeudarse o conservar liquidez.
De ahí que el Indicador IMEF deba leerse no solamente como una estadística económica, sino como una herramienta para la toma de decisiones.
La señal de septiembre es moderadamente alentadora: la caída parece perder fuerza y la manufactura se acerca a terreno positivo. Pero servicios y comercio continúan mostrando fragilidad y todavía falta consistencia para hablar de un verdadero cambio de ciclo.
México necesita crecer más y, sobre todo, generar condiciones para que esa recuperación pueda sostenerse.
Mientras eso ocurre, empresarios y consejos de administración necesitan algo particularmente escaso en tiempos de incertidumbre: información confiable que permita anticiparse.
Y ése es precisamente el valor de contar, cada mes, con el Indicador IMEF.
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Carlos Chávez de Icaza
Consultor senior en comunicación estratégica, relaciones públicas y relacionamiento empresarial e institucional.




