Abierta al público, convocatoria a premio de Divulgación de la Ciencia
CIUDAD DE MÉXICO, 28 de mayo de 2026.- El vicerrector de Educación Abierta y Organizaciones de Tecmilenio, Julio Peña, analiza la brecha actual entre las demandas del mercado laboral y la oferta del sistema educativo tradicional.
A partir de su experiencia tanto en el sector corporativo —en compañías como IBM, Dell y Microsoft— como en el ámbito académico, Peña examina la paradoja de las empresas que no logran cubrir sus vacantes mientras miles de jóvenes se enfrentan a largos periodos de desempleo al egresar.
A lo largo de la conversación, se detallan las estrategias que implementa Tecmilenio a través de modelos como MAPS y FIT, orientados a la flexibilidad, la apilabilidad y la vinculación laboral temprana.
Asimismo, el vicerrector aborda retos cruciales para el futuro de la educación superior, tales como la velocidad de la transformación tecnológica, el impacto de la inteligencia artificial en los perfiles profesionales y la necesidad de una corresponsabilidad activa entre las universidades y el sector productivo.
-Un diagnóstico señala que el 75 por ciento de las empresas no encuentra el talento que necesita, pero al mismo tiempo miles de jóvenes tardan casi un año en emplearse. ¿Cómo explica usted esa paradoja desde adentro del sistema educativo?
Esta paradoja responde, en buena medida, a que el modelo educativo tradicional fue diseñado para una realidad que ya cambió. Durante décadas, la educación superior operó con ciclos largos, programas relativamente estables y una lógica de preparación previa al trabajo. Hoy, en cambio, las empresas compiten en entornos de alta incertidumbre, con avances tecnológicos acelerados y con necesidades de talento que evolucionan mucho más rápido.
Eso genera una brecha entre lo que las organizaciones requieren, las capacidades con las que egresan muchos jóvenes y el tiempo que les toma incorporarse de manera productiva al mundo laboral. Además, no se trata únicamente de conseguir empleo: aun cuando un joven entra a una compañía, puede tardar entre seis meses y un año en comprender plenamente su rol, adaptarse a la cultura organizacional y aportar valor con consistencia.
Desde Tecmilenio vemos ahí no solo un reto, sino una oportunidad muy concreta: transformar la relación entre universidad, empresa y estudiante para que la formación sea más pertinente, más flexible y más conectada con la realidad del trabajo desde etapas tempranas.
-Usted mencionó en el panel que hay que “construir evidencias desde el inicio, no esperar hasta el final de la carrera”. ¿Qué significa eso en la práctica para un estudiante de primer semestre en Tecmilenio hoy?
Significa que el estudiante no debe esperar hasta los últimos semestres para demostrar lo que sabe hacer. En Tecmilenio, nuestro modelo MAPS —que integra modularidad, apilabilidad y personalización— se articula con FIT, Formación Integrada al Trabajo, una visión que busca que la experiencia universitaria esté vinculada de manera constante con el entorno laboral.
Para un estudiante de primer semestre, esto puede traducirse en distintas formas de exposición temprana: retos empresariales, proyectos interuniversitarios, mentorías, experiencias de shadowing, visitas a empresas, proyectos de acompañamiento y espacios donde pueda aplicar conocimientos del aula a problemas reales. Un ejemplo claro es Innovation MeetUp, el evento nacional de innovación más importante de Tecmilenio. En esta experiencia, estudiantes de nivel Profesional trabajan en equipo para resolver retos reales de empresas.
- El reporte del Foro Económico Mundial advierte que cerca del 40 por ciento de las habilidades actuales cambiarán para 2030. ¿Cómo diseña una universidad programas cuando el mercado se mueve más rápido que los ciclos académicos?
Ese es uno de los mayores retos de la educación superior. Ninguna universidad puede rediseñar sus programas cada semana o cada mes al mismo ritmo en que cambian las tecnologías o los modelos de negocio. Por eso, la respuesta no puede depender únicamente de actualizar contenidos técnicos; debe centrarse también en desarrollar capacidades transversales.
En Tecmilenio trabajamos para que los estudiantes desarrollen pensamiento crítico, pensamiento analítico, trabajo en equipo, adaptabilidad, curiosidad y capacidad de aprendizaje continuo. Hoy, más que memorizar respuestas, una persona necesita saber aprender, desaprender y reaprender. Ahí está la clave para responder a un mercado que cambia aceleradamente. Si formamos estudiantes con metodologías para aprender durante toda la vida —lo que conocemos como lifelong learning—, les damos herramientas para mantenerse vigentes incluso cuando cambien las habilidades específicas que demanda el mercado.
-Usted viene del mundo corporativo —IBM, Dell, Microsoft—. ¿Qué ve desde la academia que no se veía desde el sector privado sobre esta brecha entre formación y empleo?
Desde el sector privado se reconoce el valor del talento joven, pero históricamente las empresas no siempre han participado de manera activa en la cocreación de modelos formativos. Muchas veces el esquema era: contratar al egresado, capacitarlo, entrenarlo y esperar a que alcanzara el nivel de productividad requerido.
La oportunidad está en construir una ecuación donde todos ganen: el estudiante adquiere experiencia relevante; la empresa accede a talento mejor preparado; la universidad fortalece la pertinencia de su modelo; y el ecosistema productivo se vuelve más competitivo. Lo ideal es avanzar hacia un modelo más cercano al plug and play: talento que pueda integrarse con mayor rapidez, aportar valor desde etapas tempranas y responder mejor a los desafíos concretos de cada industria.
-El modelo MAPS de Tecmilenio promete que 9 de cada 10 estudiantes consiguen empleo antes de graduarse. ¿Cómo se mide y audita ese dato, y qué tipo de empleo es ese?
Tecmilenio ya venía alcanzando niveles muy altos de empleabilidad incluso antes de MAPS. Con este modelo, la aspiración es avanzar hacia una empleabilidad cada vez más amplia, pertinente y conectada con el propósito de vida de los estudiantes.
La medición se realiza a través de nuestras áreas internas de empleabilidad, seguimiento académico y control de egresados, apoyadas en herramientas institucionales que permiten dar seguimiento a la trayectoria de los estudiantes y egresados. Esto nos ayuda a identificar cuándo se incorporan al mercado laboral, en qué tipo de organizaciones lo hacen y cómo evoluciona su trayectoria.
Además, tenemos un indicador muy relevante en la estancia empresarial: cerca del 70 por ciento de los estudiantes se queda trabajando en la misma empresa donde realiza sus prácticas. Esto confirma que la vinculación temprana con las organizaciones no solo mejora la experiencia formativa, sino que también abre oportunidades reales de inserción laboral.
-En Jalisco hay una economía tecnológica importante, pero también una base industrial y agroindustrial muy amplia. ¿El concepto de future-ready talent aplica igual para ambos perfiles de egresado?
Sí, el concepto de future-ready talent aplica para cualquier industria, aunque su implementación puede variar según el nivel de vinculación entre cada sector y las universidades. Cuando existe una relación cercana con las empresas, es más fácil cocrear contenidos, retos, experiencias, proyectos y espacios de aprendizaje alineados con las necesidades específicas de esa industria. Por eso, sectores como tecnología, banca, retail, manufactura avanzada, electromovilidad, robótica y desarrollo de software suelen tener una conexión más visible con este tipo de modelos.
En sectores como la agroindustria también hay una gran oportunidad, especialmente en un estado como Jalisco. Para lograrlo, se requiere ampliar la colaboración entre universidades y empresas de estos sectores, de manera que los estudiantes puedan conocer mejor sus retos, participar en proyectos reales y visualizar oportunidades profesionales más diversas.
-Cuando hablan de corresponsabilidad entre universidades y empresas, ¿quién cede más terreno en esa negociación, la academia o el sector productivo?
Desde la experiencia de Tecmilenio, la corresponsabilidad exige que ambas partes se muevan. La universidad debe abrirse a nuevas formas de diseñar, operar y actualizar sus modelos formativos; pero el sector productivo también debe asumir un papel más activo en la formación del talento que necesita.
En muchas organizaciones, los presupuestos destinados a formación o capacitación no necesariamente son los más amplios ni los más prioritarios. Ahí existe una oportunidad importante: convencer al sector productivo de que invertir en talento desde la etapa universitaria no es un gasto, sino una estrategia de competitividad.
Desde Tecmilenio estamos en disposición de abrir espacios, colaborar y coinvertir con organizaciones de distintas industrias para ampliar las oportunidades de nuestros estudiantes y responder mejor a las necesidades del mercado.
-La inteligencia artificial ya está redefiniendo perfiles profesionales. ¿Hay carreras que Tecmilenio esté considerando descontinuar o transformar radicalmente en los próximos dos o tres años?
Más que hablar de descontinuar carreras, estamos hablando de transformar todas las carreras. La inteligencia artificial no necesariamente cambia la esencia de cada profesión, pero sí cambia la manera en que los profesionales ejercen su trabajo y amplían sus capacidades.
En Tecmilenio creemos que el futuro profesional estará marcado por la capacidad de las personas para aprovechar la inteligencia artificial de manera estratégica. No se trata de que la inteligencia artificial sustituya automáticamente a las personas, sino de que quienes sepan utilizarla de forma crítica, ética y productiva tendrán una ventaja clara frente a quienes no lo hagan.
Un concepto clave para nosotros es la agencia: la capacidad de discernir, tomar decisiones y actuar. Cuando una persona con criterio profesional utiliza agentes de inteligencia artificial, puede potenciar su trabajo. Pero si una persona no comprende el problema, no sabe evaluar la información o se deja llevar por completo por una herramienta, el riesgo de error aumenta, especialmente ante fenómenos como las alucinaciones de los modelos.
Nuestra postura es clara: Tecmilenio es una universidad que impulsa el uso de la inteligencia artificial. El reto no es formar profesionales que compitan contra la tecnología, sino profesionales capaces de utilizarla para multiplicar su valor.




