Libros de ayer y hoy
Las tentaciones del diálogo
En unos cuantos días, los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) pusieron en la calle y en pie de lucha a miles y miles de manifestantes inconformes con un reglamento escolar y cambios académicos de una dirección autoritaria. Lograron lo impensado, más allá del histórico encuentro callejero con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, sorprender al gobierno, obligarlo a negociar de inmediato, a reaccionar en caliente.
Los líderes politécnicos quisieron ver las cartas que bajo la manga llevaba el gobierno al encuentro callejero de Bucareli. Cuando Osorio Chong prometió dar una respuesta en 30 minutos a sus reclamos, puso sobre la mesa sus cartas y quería dejarlas ver sin que los estudiantes pagaran, pero como en un juego de póquer pasaron sin ver. Les ganó el asambleísmo, la ausencia de cultura de la negociación y, sobre todo, el miedo a ganar.
No pudieron entender, y no les importó, que sorprendieron al gobierno, que en vísperas del 2 de octubre y con dos o tres esqueletos en el closet de los derechos humanos y los ardientes o cuando menos humeantes conflictos en Guerrero y Michoacán, tenía urgencia de negociar y salir del paso.
Ahora, la comunidad politécnica y la sociedad difícilmente llegarán a saber qué llevaba el secretario de Gobernación bajo el brazo o en la cabeza. Es posible que fuera exactamente lo mismo que ofreció el viernes 3 de octubre: borrón y cuenta nueva en cuanto al reglamento y otros asuntos académicos, la renuncia de la directora y una promesa que no puede pasar de ello: más presupuesto.
Cuáles eran los ases bajo la manga, probablemente serán un misterio para siempre. Pero algo había. La prensa, sin darle mayor importancia, informó que el Presidente Enrique Peña Nieto analizó en su “cuarto de guerra” el pliego petitorio de los inconformes del IPN después del 1 de octubre. ¿Qué pasó? Si hubo cambios o no ya no importa, lo que que sí es importante es que las autoridades recibieron un tanque de oxígeno político de los radicales politécnicos que se negaron a escuchar las propuestas de los 30 minutos. Osorio Chong, se ganó el aplauso de muchos estudiantes y aceptó -con un dejó como diciendo “ni modo”- llevar el diálogo callejero al 3 de octubre.
Con las propuestas ya estudiadas, con tiempo para que se calmen las aguas, el gobierno hizo pública su posición, que parece estar de lado de los reclamos de los estudiantes. Como nunca había ocurrido en México, los estudiantes sentaron a los tomadores de decisiones en la mesa de un diálogo abierto y público. Y el gobierno, se movió bien en este nuevo escenario, Osorio Chong se ganó (quizá lo hicieron las propuestas de solución coincidentes con los reclamos) a parte de los estudiantes. Tanto que para la junta del 3 de octubre se prohibió a la masa aplaudir o celebrar cualquier cosa que saliera de la boca del secretario de Gobernación.
Con las respuestas en papel y leídas por el negociador de Peña Nieto, los politécnicos carecieron de poder de respuesta inmediata y decisoria, se llevaron el paquete a ser sometido a asambleas, en las que todo puede pasar. Los muchachos del Poli dejaron ver que sus líderes (que no se muestran en lo individual) están verdes o radicalizados y, como algunos expusieron: no confían en absoluto en el gobierno... quizá es esa desconfianza (bien cimentada en el pasado) la que impide a los movimientos estudiantiles, sociales o políticos espontáneos reconocer que ganaron y alejarse del todo o nada, y pretender ahora desde la asamblea gobernar el Poli y más.
La cultura de la negociación sigue siendo parte de las Hojas pérdidas...




