CIUDAD JUÁREZ, Chihuahua, 17 de febrero de 2016.-  El Papa Francisco, en su reunión con poco más de 800 internos del Centro de Readaptación Social Cereso 3, mencionó que hay una cultura del desastre que poco a poco ha ido abandonando a sus hijos y aseguró que el problema de la seguridad no sólo se agota encarcelando gente.

Y reafirmó que una vez más hay que confiar en la confianza a la que Jesús nos impuso: la misericordia, la cual nos recuerda que la reinserción “no comienza en estas paredes, sino en las calles de la ciudad”.

“Los problemas no se arreglan aislando, encerrando, apartando, ni sacándonos los problemas de encima. Olvidamos la vida de las personas, sus problemas, su vida y dolor cotidianos”, reflexionó.

Consideró que las cárceles esconden silencios y omisiones, inscritas en una cultura del olvido.

Dijo que la rehabilitación o reinserción social comienza en el barrio, en las calles y en las escuelas, y para lo cual recomendó un sistema de salud social que atienda a quien más lo necesita.

A los presos les dijo que ahora les puede tocar la parte más dura, difícil, pero que posiblemente sea la que más frutos generen.

“Luchen desde acá dentro por revertir las situaciones que generan más exclusión. Hablen con los suyos, cuenten su experiencia. Ayuden a frenar el círculo de la violencia. Trabajen para que esta sociedad no siga cobrándose víctimas”.

Y reafirmó que una vez más hay que confiar en la confianza a la que Jesús nos impuso: la Misericordia, la cual nos recuerda que la reinserción no comienza en estas paredes, sino en las calles de la ciudad.

Con antelación, el Papa ingresó a la capilla que está en el Cereso número 3, la bendijo y recorrió el patio, donde se encuentran los reos, mientras éstos empezaron a cantar el corrido de Chihuahua.

Su Santidad llegó al estrado y pidió a los presentes tomar sus lugares. La interna Evelia Quintana le dio un sentido mensaje de bienvenida, y mencionó que “su presencia es un llamado a la obra de la misericordia, un llamado para aquellos que se olvidaron que aquí hay seres humanos. Todos somos iguales hasta en nuestra vestimenta, todos somos iguales ante los ojos de Dios”.

Al concluir su testimonio, el Papa le dio un efusivo abrazo y posteriormente –enmarcado con música interpretada por los presos– recibió obsequios realizados por los internos.

En su intervención señaló que la capacidad que tenga una sociedad de influir a sus pobres, enfermos, presos…, está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y pueden ser constructores de una buena convivencia.