Alfa omega
Esta semana se estrenó una película francesa con una marcada influencia del Studio Ghibli que, sin spoilers, nos muestra la conexión entre Arco e Iris: dos infancias provenientes de contextos distintos, unidas por el cariño y la empatía.
La historia se despliega en dos escenarios. Por un lado, se nos presenta un futuro que no parece tan lejano, en el que hemos adaptado nuestras necesidades y rutinas al cambio climático. En este mundo pareciera no existir una conciencia sobre los límites de las dinámicas extractivistas y predomina un modelo centrado exclusivamente en la producción económica. Sin embargo, estos aparentes avances tecnológicos tienen un costo que parece no ser problemático, ya que los trabajos técnicos han quedado completamente delegados a la tecnología, al igual que el trabajo doméstico y de cuidados. La educación, las tareas del hogar e incluso la crianza son externalizadas, pero a costa de una profunda separación de los vínculos afectivos humanos.
En contraste, el segundo escenario coloca a los cuidados en el centro. Aquí, la sociedad ha propuesto y coordinado una pausa para el planeta y un regreso a lo esencial, avanzando de la mano de la tecnología, pero hacia una organización más sencilla, donde lo básico, como el cuidado de la vida, vuelve a ocupar un lugar central.
Entre ambos mundos, la empatía y la solidaridad tejen una red de apoyo y afecto que logra transmitir que incluso frente a futuros profundamente inciertos, es posible construir esperanza desde los cuidados y los vínculos humanos.
De alguna manera, esta película me llevó a reflexionar sobre la discusión en torno al futuro del trabajo y el debate que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha planteado sobre la inminente transición tecnológica en el mundo laboral, así como los retos para que esta sea una transición justa. Los pendientes son muchos, sobre todo frente a los riesgos y amenazas que se agudizan en el contexto del cambio climático.
A grandes rasgos, la OIT estima que para 2030 se destruirán aproximadamente 7.5 millones de puestos de trabajo, principalmente en sectores como la electricidad basada en combustibles fósiles, que perdería alrededor de 60 mil empleos; la ganadería, con una pérdida estimada de 4.3 millones; la extracción de combustibles fósiles, con cerca de 20 mil, y otras fuentes de trabajo similares, que concentrarían alrededor de 2.26 millones de empleos perdidos. No obstante, frente a este escenario que puede resultar sumamente preocupante, la OIT también estima que podrían crearse 22.5 millones de empleos, la mayoría asociados a economías sostenibles y de cero emisiones, como la agricultura sostenible, la manufactura, la construcción, las energías renovables, la silvicultura y por supuesto la economía de los cuidados.
Arco no sólo nos regala una historia bellísima, con un trabajo de animación y audio digno de una nominación al Óscar como mejor película animada, sino también una reflexión sobre la necesidad de colocar los cuidados en el centro de la vida y del trabajo, como condición para un futuro posible que, en cualquier caso, tendrá que ser un futuro sostenible.
No se la pierdan.




