Hola Paisano
Enero con su carga simbólica de reinicios y deudas suele ser escenario donde la salud mental se coloca en el centro de atención, tanto en humanos como en animales, y muestra la capacidad comunitaria e institucional para gestionar el dolor, ansiedad y abandono.
Históricamente, la salud mental ha sido tratada como un lujo privado o una patología vergonzosa. Sin embargo, los datos de la Encuesta Nacional de Bienestar (Enbiare) de Inegi son una muestra de realidad: 19.3 por ciento de las personas adultas México presenta ansiedad severa y 31.3 por ciento manifiesta síntomas en algún grado.
Aquí es donde entra la política pública con enfoque humano. La propuesta de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, a través de la estrategia Ciudad con Salud Emocional y la creación de los 100 Centros Colibrí, representa un cambio de paradigma.
No se trata de dar “terapia” de forma aislada, sino de entender que el reconocimiento y el cuidado son la base de la justicia social. Al integrar estos centros en el Sistema Público de Cuidados, la Ciudad de México deja de ver la salud mental como un tema del “yo” para entenderlo como un asunto del “nosotros”.
Esta visión integral de cuidado se queda corta si no se extiende a los seres más vulnerables: los animales. La ciencia ha demostrado que el vínculo interespecie es un pilar de la estabilidad emocional humana.
La Enbiare destaca que una cuarta parte de los hogares convive con mascotas y un abrumador porcentaje de 85.7 empatiza con los animales. Por ello, el rescate de los perros del Refugio Franciscano fue una acción de justicia ética y salud pública. Los animales, como sujetos de derechos y seres sintientes, experimentan el estrés y el abandono de formas que la etología moderna asocia con traumas profundos.
Un perro que pasa del hacinamiento a un entorno digno no solo recupera su salud física; ayuda a restaurar la compasión social. La intervención de Brugada en este caso envía un mensaje político contundente: el cuidado de la vida es una cadena indivisible. Si el Estado es capaz de rescatar a los que no tienen voz, tiene la autoridad moral para cuidar a quienes sí la tienen, pero están silenciados por la depresión o la ansiedad.
En la víspera del Blue Monday —el Día Más Triste del Año marcado desde el 2005 como el tercer lunes de enero— conviene recordar que la arquitectura institucional para atender estas crisis: el 9-1-1 operado desde el C5 o la línea 55 5533 5533 del Consejo Ciudadano.
Enero puede dejar de ser el mes de las etiquetas emocionales para convertirse en el mes de la rendición de cuentas sobre el bienestar.