Sobre las damas, qué.

Ayer preguntamos, y sobre las mujeres, que. Siempre se habla del hombre y por compromiso de género, de la mujer. Viene a cuentas por lo que la escritora Teresa Gil, nos comenta.

Lo damos a conocer para no evadir nuestra responsabilidad y compromiso con ellas.

Escribe.

“Las mujeres que trabajan en el hogar siguen como un ente necesario del que no hay que ocuparse especialmente.

 Dos cosas lo evidencian: se lucha por defender el derecho de las trabajadoras domésticas, lo cual es justo, pero no el de las amas de casa.

A éstas se les incluye en la pensión para adultos a partir de los 68 años, junto con el otro sexo, el masculino, que de trabajos domésticos sabe poco en lo general.

La verdadera función del ama de casa, que incluye el tener y criar hijos, no es reconocida en leyes especiales en México, como sucede en muchos países sobre todo en Sudamérica, donde son pensionadas a partir de los 60 años.

Aquí, con la pensión para adultos a partir de los 68, ese sector queda fuera 8 años de una pensión, a menos que la haya ganado con ejercicio laboral.

 Esto, claro, a partir de los 65 años, en tanto no se apruebe la iniciativa presentada por AMLO que reduce la edad a 60 años por cesantía en edad avanzada.

Esta ya estaba prevista en la anterior ley del IMSS e incluso de menos edad, si en la cesantía la trabajadora no tenía compromisos con dependientes.

En eso no ha habido mucho avance desde el punto de vista laboral.

Mucho menos en acordarse de las amas de casa.

El último censo colocaba a la población, del cual el porcentaje de mujeres es superior y en el caso de los adultos mayores pensionados a partir de los 68 años, son el 60 por ciento.

Esto significa que de los millones de mujeres que fueron amas de casa toda su vida, a menos que hayan trabajado buena parte de ésta en una doble jornada y hayan tenido seguridad social, no recibirán nada al arribar a los 60 años.

 Eso es lo que se trata de proteger en países como Argentina, Uruguay, Ecuador y otros que han legislado, aunque se comete una situación injusta.

Se les da esa pensión, pero se les quita otra, a veces ganada por años en un contrato laboral.

Si se crea un derecho, como sucede con el de los adultos mayores, debe darse a todos los que llenen el requisito, tengan o no una justa pensión ganada con el sudor de su frente, por lo general muy baja.

La pensión de viudez, que tiene raigambre bíblica y al parecer es un premio conservador al matrimonio, viene a ser un contrasentido en México.

Si se hace extensivo en el tiempo un derecho que se perdió a la muerte del titular, se convierte en una especie de herencia ilegal.

Es justa cuando la viuda o viudo, se quedan con hijos menores y se debe de eliminar cuando éstos ya no la necesitan y conservar si existe una situación en extremo precaria.

 Esta pensión agrede a millones de mujeres que no son viudas, ni se casaron o se divorciaron y no alcanzaron el derecho a ser reconocidas en el país por otras circunstancias, menos por ser amas de casa.

Lo justo es que se legisle a favor de pensionar a las amas de casa e incluir la pensión de viudez en esa nueva concepción.

 No se eliminan derechos, si no por el contrario, viudas y no viudas tienen acceso a una pensión justa en su vejez y en su momento, la pensión de adultos mayores.

 Lo que dan esos sectores a lo largo de su vida, bien vale que el estado se ocupe de ellos.

Jacinto Benavente, el famoso dramaturgo español que murió el 14 de julio de 1954, creó en su obra de teatro Señora Ama (Colección Austral, Teatro selecto editorial Cisne 2007), un concepto clasista que afectó afecto a las amas de casa pobres. equiparable al de los grandes hacendados, a los hidalgos rusos o a los casi extintos señores feudales de la época en la que se escribió.

Se trata de una mujer casada con un rico propietario rural, rodeada de servidumbre, de lujos y enseres de la época.

La obra fue estrenada en teatro en1908 y se expresa ampliamente en la película de Julio Bracho de 1955.

En ella vemos a una Dolores del Río poderosa en su posición como señora ama, pero sometida a los mismos desplantes que sufre cualquier mujer, engaños, ofensas y humillaciones, que acorde a la época, soportaba en silencio.

Mujeres privilegiadas en lo económico que tenían servidoras que eran en sus entornos pobres amas de casa que debían de hacer la labor propia y la de sus patrones.

 Benavente tuvo una época de brillantez en sus primeras obras y después, con la carga de una copiosa producción, se topó con el franquismo al que apoyó.

 Su trabajo teatral y como director y promotor de filmes, fue cuestionado por los republicanos sobre todo cuando se fotografiaba con Franco en eventos especiales.

El haber ganado el premio Nobel en 1922, no lo salvó de las críticas adversas a un talento que se estancó en un realismo fuera de tiempo.

Hay, sin embargo, quienes reconocen su talento literario y llegan a comparar sus ocurrencias con Oscar Wilde.

 En México es clásica la película que hizo el Indio Fernández de su obra La malquerida, también con Dolores del Río. [email protected]