Del despiporre intelectual 16 (dieciséis)

Se trata de la fenomenología y metafísica, por si privativo y cultural contenido, del delicioso verbo “chingar”.

Tómelo como privativo, específico, intimo. Pero nunca como ofensa.

El escritor, filólogo, poeta, periodista, cronista y maestro de genios don Luis Vega y Monroy lo diseñó en sus descansos como director editorial de El Sol de México, hace exactamente 75 años.

Los que cumplimos nosotros de ejercer, presumimos, el periodismo.

 El verbo chingar es al mexicano lo que el calor a la llama, lo que la frescura a la brisa y lo que el perfume a la flor.

Sin él no podríamos expresar nuestros sentimientos en su genuina hondura.

Con el verbo chingar el mexicano ríe, llora, trabaja, vive, muere, se enfurece, se desahoga, se exalta y se calma.

“Chingar es el verbo más delicioso del léxico mexicano. Es una palabra tornasolada y proteica, con los más diversos sentidos según el tono con que se pronuncia, la hora en que sale retozona en medio de la charla, o las circunstancias que rodean su aparición, como chispa traviesa, entre el grupo de amigos.

La palabra chingar salta de repente en la discusión que sostienen graves señores de las finanzas y automáticamente el ambiente se torna cordial y se humaniza.

Entre el murmullo de la cantina suena de pronto como un cañonazo.

Adquiere tiernas y picarescas modulaciones en los dulces labios femeninos y hasta sugiere broncas promisiones viriles en la boca del niño.

Chingar es un verbo que sirve para todo y que nos sirve a todos. Con él matizamos sabrosamente nuestro lenguaje. Tan pronto es vivida expresión de gozo, como estallido de ira y desesperación.

A ratos es término juguetón y a ratos anuncio de tragedia.

Chingar es el verbo que todos conjugamos en tiempos, modos, formas y personas.

Es nuestra gramática parda que nos enseña a emplear el verbo en forma activa, pasiva, impersonal, recíproca y reflexiva.

Es el verbo chingar nuestro verbo por excelencia.

Sin el verbo chingar no podría hablar el mexicano; es entraña en nuestra peculiar sicología.

         En México al que no chinga, lo chingan, porque en esta vida   ¿Quién no lo sabe? hay que chingarse.

¿Quién decía en medio del combate el revolucionario a quien le había dado en la chapa del alma una bala enemiga?

                Ya me chingaron. Aquí el verbo significa matar y morir. Pero de pronto obtiene otros matices y quiere decir sufrir, tolerar, soportar.

Llega una abnegada madre de familia, esposa de un mexicano habituado a los copetines y se queja amargamente con el señor cura de que ya no soporta la vida que le da su adorado maridito, porque además de gastarse la raya los sábados, le pega cuando no le tiene la comida caliente.

El señor cura consuela a la mujer y le dice.

Calma, hijita ten paciencia. Dios habla por los que callan.

-Ay, padrecito –replica la mujer- Pero mientras Dios habla por los que callan, ¿quién es la que se chinga?

El universitario que enseña a sus compañeros su boleta de reprobado, dice tristemente: Me chingaron en Derecho Administrativo. Lo cual prueba que el verbo chingar también significa reprobar.

Llega el mocoso a su casa con un ojo morado y se escurre para que no lo vean sus padres:

-¿Qué te paso?- Le pregunta su hermanito.- Me dieron un chingadazo.

Así pues, el verbo chingar también tiene la acepción de golpear de fea manera.

¿Te acuerdas, compadre, de que en la misma vecindad donde yo vivía el año pasado había una muchacha muy bonita, ojos verdes, buenísima, que se llamaba Rosita? Pues ya se la

chingaron.

Y el compadre, mientras lamenta lo sucedido, sabe que lo que lo que le pasó a la pobre Rosita, no fue que la reprobaron ni que le pegaran, sino que le hicieron trizas la doncellez.

El verbo chingar sirve también para connotar las cosas buenas.  platica por teléfono la señorita secretaria con una de su íntima amiga:

-No dejes de ver, mana, la película que dan en el Ariel. Está chingonsísima.

Lo cual quiere decir que es una película extraordinaria, magnífica, morrocotuda.

Del mismo modo, cuando alguien es un genio y sobresale por sus cualidades, no es cualquier cosa: es un chingón.

En cambio, cuando algo es insignificante, sin importancia de ninguna especie ¿Cómo se califica?

Esto es una chingadera. En otras palabras, no sirve para maldita la cosa.

Hay ocasiones en que el verbo chingar significa trabajar en forma intensa y eficaz:

-Ahora sí, muchachos-dice el jefe de taller- A chingarle muy duro.

Y los “muchachos”, a los que les gusta que les hablen “derecho”, pues le chingan con fe y terminan pronto el trabajo.

El tono con que se pronuncia el verbo chingar en sus diferentes compuestos y formas, tiene capital importancia.

Llaman enérgicamente a la puerta y el que está saboreando su jaibolito lo deja y se apresura a abrir diciendo:

¿Quién chingao?

¡Yo chingao!

¡Ah, chingao!

¿Cómo le dice un amigo a otro que viene importunarlo cuando está más ocupado?

-No me estés chingando.

Pero a veces el verbo chingar tiene otro significado distinto. Es defraudar, madrugarle a uno, abusar de su confianza:

-Iba muy bien mi empresa; agrega:

¿No te parece, hermano, que esas son chingaderas?

En otras ocasiones chingar es hurtar:

-Chíngate esa botella de coñac- le dice el chofer al mozo-

Al cabo que el patrón no se da cuenta.

Ahora que cuando un mexicano quiere injuriar a otro en la peor de las formas (y este es el antecedente de muchos homicidios) simplemente le dice: -Anda y chinga a tu madre.

A continuación, se escuchan balazos o el zumbar de los machetes.

Cuando una máquina se descompone, ¿qué es lo primero que uno dice con enfado?

-Esto ya se chingó.

Si una cosa es bonita pero inservible se le designa cariñosamente con el nombre de chingaderita.

Si una cosa sale mal, el verbo chingar también significa concluir, terminar, cavar.

A la hora en que se cierra el periódico, cuando ya todos están cansados y con ganas de irse a dormir, nada hay más

grato que escuchar al subdirector cuando dice:

Ahora sí, como dijo mi general Madrigal, esto ya chingó.

Nosotros coincidimos con el mílite y nos vamos con el ánimo de  una a la una. Sin ofender a nadie.

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