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CIUDAD DE MÉXICO, 21 de noviembre de 2025.- Este 20 de noviembre fue una noche épica que unió generaciones en la Arena Ciudad de México, la cual se transformó en un verdadero templo del rock con la cuarta edición de Rockland, el evento autodenominado como el concierto de rock más grande de Latinoamérica.
Y no exageran: más de mil 200 músicos (superando la meta inicial de mil) subieron al escenario para tocar al unísono himnos inmortales del rock en español, con un par de excepciones en inglés dedicadas a homenajes especiales.
En un comunicado se añadió que fue una experiencia masiva, intergeneracional y emotiva que dejó a los asistentes con la piel chinita y la garganta ronca de tanto corear.

El concepto de Rockland es único: no es un festival con bandas rotando, sino un ensamble gigante donde guitarristas, bajistas, bateristas, tecladistas y vocalistas (incluyendo unos 230 menores de edad) interpretan juntos clásicos del rock latinoamericano.
Esta vez, el setlist recorrió joyas de Caifanes, Fobia, La Lupita, Víctimas del Doctor Cerebro, Coda y muchas más, creando un sonido abrumadoramente potente: cientos de guitarras distorsionadas, baterías retumbando como truenos y voces que llenaban cada rincón del venue.

Los momentos más emotivos llegaron con los homenajes. Se dedicaron temas a figuras recientemente fallecidas como Xava Drago (vocalista de Coda), Ozzy Osbourne y Ace Frehley (de KISS), con las únicas canciones en inglés de la noche.
Contaron con invitados de lujo como Alex Lora (El Tri), David Ellefson (exMegadeth, amigo cercano de Ozzy), Kenny Avilés (Kenny y los Eléctricos) y otros íconos que elevaron la energía a niveles estratosféricos.
En un escenario enorme, sonido cristalino a pesar de la magnitud (¡imagina el reto de ecualizar 300 guitarras!), luces espectaculares y una vibra de comunidad que se siente desde el primer acorde.
Familias enteras, chavos de 10 años con sus papás rockeros de los 80, abuelos con chamarras de cuero… todos unidos cantando La celula que explota o Mátenme porque me muero. No era solo un concierto; era una celebración de que el rock en español sigue vivo y conectando generaciones.




