Teléfono rojo
La repetición del Imperialismo Salvaje
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, no se había presentado con tal intensidad, el temor del mundo ante un líder político que puede apropiarse de países enteros, sin tener contrapesos. Actualmente, ese es el fantasma que recorre todos los confines.
El equilibrio internacional dio un vuelco en pocos días, a partir de la invasión de Venezuela, por parte de Donald Trump, de tal suerte que habrá una reconfiguración en el orden mundial, a partir de ese acontecimiento.
Se empezará a dibujar un mundo distinto, después de la presencia de Estados Unidos en la nación sudamericana.
No se trata sólo de la simple deposición de un dictador, sino que dicha acción encierra un cambio profundo en la geopolítica de la tierra.
Absolutamente todos los habitantes del planeta estamos presenciando el inicio de una nueva etapa en la historia mundial: la del renacimiento de un nacionalismo exacerbado que, de manera injustificada, clama para sí, el derecho de invadir cualquier país, simplemente por la falsa retórica de pretender que es parte de su estrategia de seguridad.
Es curioso como se repiten los argumentos falaces a lo largo de la historia. En la Alemania nazi, el mundo presenció a un enloquecido fuhrer, que gritaba a sus compatriotas: “¡Despierta Alemania!”, como una arenga que justificaba la movilización de sus tropas para empezar a invadir naciones; primero Países Bajos, Polonia, Checoslovaquia, después toda Europa.
La consigna de un “nacionalismo” a ultranza, para justificar que cualquier territorio le pertenecía a Alemania, como una manera de defender su “seguridad”, sostenido por Adolfo Hitler, ahora es utilizado por Donald Trump.
Hitler adjudicaba un sentido divino al “derecho” de Alemania a expandirse y a dominar a los habitantes de países que consideraba como inferiores. Una situación similar sucede con Donald Trump, quien, en una desviación de la Doctrina Monroe, que sostenía que América era para los americanos, (Estados Unidos no es América), pretende ahora con la doctrina “Donroe” elevar el poderío de la potencia en el hemisferio occidental, mediante acciones de fuerza.
En el siglo XIX la doctrina Monroe era la punta de lanza para evitar que las potencias europeas volvieran a retomar sus acciones colonialistas en el continente americano, lo cual era una amenaza no sólo para los países latinoamericanos, recién independizados, sino que constituía un peligro para el expansionismo de Estados Unidos.
Trump revive el carácter imperialista de la Unión Americana, lo que representa no sólo una segunda edición de la llamada doctrina Monroe, sino que guarda una similitud enorme con el expansionismo hitleriano.
Los esfuerzos de Trump por renombrar el Golfo de México, como Golfo de América, la intención declarada de adquirir Canadá, el Canal de Panamá y Groenlandia, así como el impulso de acciones militares contra Venezuela. Además, la agenda «Estados Unidos primero» de Trump y su escepticismo hacia el multilateralismo han reforzado la visión de que esa potencia centra su atención estratégica en su propio hemisferio, incluso a costa de alianzas tradicionales como la OTAN, representan acciones inequívocas de que el expansionismo estadounidense marcha a costa de lo que sea.
La situación geopolítica en torno a Groenlandia ha alcanzado un punto de tensión histórica debido al renovado interés de Estados Unidos por adquirir o controlar el territorio, lo que ha generado una respuesta defensiva coordinada por parte de la Unión Europea y Canadá.
Bajo la administración de Donald Trump, Estados Unidos ha pasado de un interés diplomático a una presión directa. Washington considera a Groenlandia vital para su proyecto de defensa antimisiles "Golden Dome" (Cúpula Dorada). Argumenta que sólo la potencia del Norte tiene la capacidad militar para proteger la isla de la influencia de Rusia y China.
El interés de Trump se centra en el acceso exclusivo a tierras raras y minerales críticos (litio, cobalto) necesarios para la tecnología moderna.
Trump amenazó con imponer aranceles del 10% (con potencial de subir al 25%) a países europeos que se opusieran a sus planes. Sin embargo, recientemente en el Foro de Davos, reculó parcialmente tras acordar un "marco" de negociación con la OTAN.
La Unión Europea ha cerrado filas con Dinamarca para proteger la integridad territorial de un país miembro, incluso con la movilización de tropas, ante la eventual posibilidad de que Estados Unidos invada Groenlandia.
Dinamarca, que mantiene a Groenlandia como un protectorado, subraya tajante, que la isla no está en venta. El gobierno danés rechaza cualquier transferencia de soberanía, aunque se muestra abierto a ampliar la cooperación militar bajo tratados existentes (como el de 1951).
El gobierno de Groenlandia sostiene que cualquier decisión sobre su futuro debe ser tomada por los groenlandeses. Una encuesta de 2025 mostró que el 85% de la población se opone a ser parte de Estados Unidos.
Canadá se encuentra en una posición delicada al ser vecino directo y socio comercial de ambos bloques. Su gobierno ha respaldado públicamente el derecho de Groenlandia a la autodeterminación y la soberanía danesa.
El gobierno canadiense teme que una anexión estadounidense altere el equilibrio de poder en el Ártico y cree un precedente peligroso para sus propias reclamaciones territoriales en el norte. Han abogado por una solución diplomática que no fracture la alianza transatlántica.
Después de la invasión de Venezuela, una posible invasión de Groenlandia por parte de Estados Unidos, agravaría las tensiones internacionales. A Hitler nadie lo frenó cuando empezó a invadir países y todo terminó en la Segunda Guerra Mundial. Ojalá ahora, sí exista una fuerza suficiente que pueda frenar el expansionismo que está impulsando Donald Trump. Ojalá.




