Petróleo en la soberanía, no en el huachicol

La industria del petróleo en México como en cualquier país del mundo es una de las más rentables, sin embargo, en nuestro país trasciende lo económico y se entremezcla con el nacionalismo posrevolucionario, consolidando el orgullo de plantearse ruta propia desde un país latinoamericano.

La proeza liderada por el General Lázaro Cárdenas en el año 38 del pasado siglo conocida como Expropiación Petrolera, hizo del petróleo mexicano el eje articulador del desarrollo nacional y a nivel simbólico representó la entrada del país al siglo XX. Añadió además una fuerte carga identitaria en el pueblo mexicano, que respaldó al presidente Cárdenas y apoyó con sus propios recursos a cubrir los montos de indemnización a las empresas extranjeras.

Casi 80 años después de la gesta que redefinió el rumbo de México, Peña Nieto emprendió (respaldado con los votos del PAN e incluso del PRD, tras el Pacto por México) la privatización del petróleo mexicano y basó su estrategia en una campaña de comunicación que mantuvo una única línea argumental: reducir el costo de los combustibles.

Ante el descontento generada por la entrega de los recursos energéticos, la línea comunicativa del equipo de Peña Nieto llegó incluso aseguró falazmente que la reforma estaba enmarcada dentro del pensamiento y deseo del General Cárdenas, nada más lejano de la realidad.

La medida tuvo resistencia en la mayoría de la población a lo largo y ancho del país. De acuerdo con encuestas de diversos medios e incluso con los propios estudios de opinión del gobierno de Peña Nieto, alrededor de tres cuartas partes de la población estaban en desacuerdo con la medida.

Lejos de abaratar los energéticos, en el sexenio 2012-2018 su precio casi fue duplicado y alcanzó un incremento promedio (diesel y gasolinas) del 88.5%, que los llevó de los 10.45 a los 19.70 pesos por litro*. Bajo el eufemismo de “modernizar” a PEMEX, la paraestatal fue fragmentada y desmantelada en favor de pseudo empresas creadas desde el poder político que se beneficiaron con la reducción de capacidades en la empresa pública más importante de México.

Es imposible pensar que dentro del fracaso global alcanzado con el modelo neoliberal en el sexenio peñista, la imposición de la reforma energética no tuvo un peso especial que fue cobrado electoralmente en las urnas el 2018.

Con la llegada de López Obrador a la Presidencia de la República ha comenzado un nuevo proceso, quizá más profundo y radical que el emprendido por el general Cárdenas, toda proporción guardada, el pueblo mexicano reconoce cuando un líder genuino, que está de su lado y no del capital extranjero.

La situación transitoria de desabasto de gasolina obedece al combate del huachicoleo, permitido y alentado por los ocupantes de la oficina presidencial en los últimos tres sexenios. Hoy como ayer, millones de mexicanos estamos dispuestos a respaldar a nuestro Presidente, recuperar nuestra riqueza y convertirla nuevamente en la palanca del desarrollo nacional, restableciendo el estado de derecho constitucional.

AMLO jamás planteó que la profunda transformación de nuestro país sería un día campo, sin embargo, la situación es cada vez más clara pues mientras la derecha ha perdido la compostura política y defiende abiertamente la comisión crímenes, el país desea caminar en una dirección diferente, de soberanía y libertad. Seguro estoy que vendrán más pruebas y que en el proceso habrá errores y aprenderemos de ellos, pero tengo claro que hemos trazado una nueva ruta y seguiremos avanzando.

*Cálculo propio a partir de datos disponibles en: http://www.gasolinamx.com/