La IA no sustituye al empresario, pero puede dejarlo atrás
Chopin. Y aquel gran poeta sonorense Alonso Vidal
Vale en estos tiempos de agresión y de tragedia dejar un espacio para sentirse feliz. Y eso lo produce una noticia allá aquel 8 de noviembre de 1838, cuando Federico Chopin y la
escritora George Sand, se reunían en la isla de Mallorca, para vivir su romance.
Imagínense que bonito ver juntos a esos dos grandes talentos en una efemérides que en su mayor parte habla de guerras, de enfrentamientos y de personajes oscuros. Nos lleva, el hecho, a leer la poesía del amor y que mejor forma de hacerlo que con Alonso Vidal Balbastro, el poeta sonorense nacido en Hermosillo en 1942 y fallecido en la misma ciudad el 29 de mayo de 2006.
El premio de poesía en ese estado lleva su nombre.
ALONSO VIDAL ES EL TITULAR DEL PREMIO NACIONAL DE POESÍA, EN SONORA
Al abrir su libro Del amor y otros incendios (El Tiburón descalzo. Gráficas Express de Sonora 1978), vemos a quien describimos ahora, que nos lleva precisamente a ese triunfador o triunfadora del Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal que se realiza cada año en Sonora.
Respecto al cual, él no podía evitar aquel reproche que hace a los sabelotodos, los que leerán el libro premiado. Porque no obstante, decía, tarde o temprano caen y se encuentran “frente a un papel, con un libro entre las manos, escudriñándose en el poema que con ardor les dibujó otro”.
Pero no hay remedio y muchos caemos en leer lo de otros y más en el caso de la gran poesía que dejó Vidal.
Lo recuerdo inclinado en un escritorio en la Librería del Museo Universitario donde leíamos nuestros escritos, cerrando un poema, y junto a él, de pie, a la también poeta Alicia Muñoz Romero, cuya poesía invocó después, en su libro Del amor y otros incendios, su primer poemario, de 1978.
VIDAL EXALTABA EL AMOR, PERO MALDECÍA A LOS DESTRUCTORES DE VIDAS
Lo volví a ver hasta ese año cuando me dedicó el libro con un plumón rojo “1978, apenas este principio de un incendio fraterno amistosamente para ti, Tere”.
El libro lo he leído muchas veces con sus divisiones centradas en casi cien poemas, algunos dedicados a Efraín Huerta, a José Revueltas, a Margarita Paz Paredes, entre otros, para llegar a lo que me atrae en este momento, su Tiempo retador, dedicado “al fariseo” Francisco Franco, que exhibe en sus señalamientos de gran desprecio, el compromiso democrático que tenía Vidal.
Esos poemas sobre el dictador español, se podrían extender a su igual Netanyahu: “Ojalá te fusilen los diablos en el infierno más quemante para que sientas lo que es amar en la carne propia, el honor de tus propios fusilados” y, “ En nombre de los padres, de los hijos y de los espíritus primordiales: te maldecimos por el siempre de los siempres y para siempre, amén”.