Coparmex plantea una nueva agenda laboral para generar mejores empleos
El 2026 comenzó sin concesiones. Desde los primeros días del año, la realidad se impuso con fuerza y dejó claro que lo que tenemos enfrente no son problemas aislados, sino pruebas profundas que pondrán a examen a la Ciudad de México, al país y a nuestra democracia. El problema es que, frente a esas pruebas, el gobierno parece llegar tarde, mal preparado y, en muchos casos, en negación.
La primera prueba es urbana y ambiental. El año arrancó con la primera contingencia ambiental, recordándonos que durante casi el 80 % de los días de 2025 respiramos aire de mala calidad. Lejos de ser una excepción, la contingencia se ha vuelto la normalidad. Sin embargo, desde el gobierno se sigue actuando como si se tratara de episodios aislados. Se presume una política “verde” mientras se ignora el impacto de la refinería y la termoeléctrica de Tula, en Hidalgo. Se minimizan los costos en salud pública y se normaliza que miles de personas mueran cada año por causas asociadas a la contaminación. No es falta de diagnóstico; es falta de voluntad.
La segunda prueba vino desde el subsuelo. Un fuerte sismo volvió a recordarnos lo frágiles que seguimos siendo ante la fuerza de la naturaleza. Activamos protocolos y repetimos los mismos reflejos de siempre, pero la realidad es incómoda: la ciudad no está preparada para una emergencia de gran magnitud. Los servicios de atención y rescate siguen siendo insuficientes y el sistema de salud atraviesa la peor crisis de su historia. Sin medicamentos, sin insumos, sin personal suficiente y con infraestructura colapsada. Un sistema que no alcanza para la vida cotidiana, mucho menos para una contingencia mayor.
La tercera prueba es nacional y política. El 2026 traerá consigo la propuesta de reforma electoral de la presidenta. No es una reforma menor ni técnica: es un intento por profundizar la concentración del poder, debilitar a los árbitros y reducir los contrapesos que sostienen la democracia. Morena insiste en llamarlo “transformación”, pero lo que está en juego es algo más básico: la posibilidad real de competir, de disentir y de corregir al poder.
A este escenario se suma un reto que cruza ciudad y país: el Mundial de 2026. Seremos escaparate global, pero hoy la ciudad no tiene resueltas las condiciones mínimas para recibir a millones de visitantes. No hay regulación clara del hospedaje, la movilidad está colapsada y la planeación urbana sigue ausente. Morena presume el evento como logro político, pero gobierna como si hubiera tiempo infinito. El riesgo es evidente: que una oportunidad histórica termine exhibiendo improvisación y desorden.
Este no es solo será un año de riesgos. También es un año de definiciones. Habrá elecciones en distintas entidades y con ellas la posibilidad de reconstruir contrapesos, equilibrar gobiernos y abrir una alternativa frente a la concentración del poder. Esa es la verdadera prueba de la democracia: demostrar que todavía puede corregir el rumbo, incluso cuando desde el poder se intenta cerrarle el paso.
Desde Movimiento Ciudadano, tenemos una convicción clara: el futuro no se construye desde la imposición ni desde el control, sino desde la ciudadanía. Desde las urnas, con propuestas serias, gobiernos responsables y una política que deje de administrar crisis y empiece a resolverlas. Con candidaturas que entiendan el momento del país y no le tengan miedo a decir lo que no funciona.
El 2026 no es un año más en el calendario. Es un punto de quiebre. En estos meses se va a definir si la ciudad sigue normaliza la concentración del poder, o si somos capaces de corregir el rumbo. Nos jugamos la vigencia de los contrapesos democráticos y el derecho de la ciudadanía a decidir. No se trata solo de gobiernos o elecciones, sino de si aceptamos vivir en un país donde todo se justifica desde el poder o si todavía somos capaces de poner límites, exigir resultados y defender la democracia antes de que sea demasiado tarde. El 2026 ya arrancó y no permitirá margen de error.




