Un punto de vista penal
En el seguimiento de los temas nacionales siempre es sano seguir y entender no sólo a quienes tienen información privilegiada y más que todo, a quienes tienen sentido de la realidad, más cuando se trata de personas con experiencia. Jorge Castañeda ha hecho dos vaticinios poco convencionales para buena parte de los analistas: que no habrá ruptura de la presidenta Sheinbaum con el presidente López Obrador y que difícilmente habría una acción ejemplar del gobierno de Trump antes de las elecciones intermedias, por la simple razón de que la agenda México no mueve votos.
En la minoría que somos o que habíamos sido, da igual, esas dos afirmaciones manifiestas hace tiempo se han sostenido. Este día habrán concluido las elecciones intermedias en el país vecino; predecible una fuerte derrota de los republicanos y consecuentemente del presidente Trump, incluido el Senado con desagradables sorpresas para el movimiento MAGA. Para comprender la magnitud del desastre hay que observar el desenlace de la elección de senadores en Kansas; los demócratas que llevaban ventaja en los sondeos de intención de voto; no han ganado desde 1932. Igualmente, Texas, la última vez que prevalecieron los demócratas con el legendario Lloyd Bentsen en 1988.
Es evidente que las conclusiones falases o ligeras después de las elecciones habrán de presentarse. Se equivocará quien haya pensado, dentro o fuera del gobierno, que la derrota de Trump significaría el fin de la pesadilla que al país le representa el veleidoso, megalómano y corrupto presidente. Es explicable, los mexicanos no advierten las diferencias profundas entre los regímenes políticos presidenciales. Por ejemplo, creer que un presidente tiene el poder para frenar una acción judicial de manera discrecional en EU no es posible.
Al igual que en México, el presidente norteamericano tiene amplios poderes, más en temas de seguridad nacional; sin embargo, está acotado por la ley y el Congreso. Esto significa que la acción judicial contra el gobernador Rocha Moya y asociados no tendría modificación alguna después de la elección. Algo semejante habrá de ocurrir con investigaciones en curso contra otros funcionarios mexicanos, más si los cargos ya fueron validados por un gran jurado. El gobierno de México tiene dos opciones: entregarlos o someterlos a proceso penal en el propio país.
México, por la violencia, presencia del crimen y rampante impunidad es considerado amenaza por demócratas o republicanos. Por otra parte, fuera de la protección a los narcopolíticos, López Obrador y Claudia Sheinbaum han colaborado ampliamente con las autoridades norteamericanas, especialmente en seguridad fronteriza. La idea de una acción militar en México es muy remota. El ejército mexicano, la Guardia Nacional y las autoridades de seguridad civiles mantienen una estrecha colaboración y han alcanzado objetivos sin precedente. La idea sobre una acción unilateral para aprehender políticos no se sostiene, aunque la embestida judicial no sólo persistirá, sino puede ampliarse.
Un presidente sin mayoría en el Congreso y más cuando ya no puede reelegirse es un mandatario disminuido. La afectación al gobierno viene por la vía del presupuesto y las investigaciones que emprenda, incluyendo el poder de citar a todo miembro del gobierno; sin embargo, el presidente mantiene el veto, amplios poderes en materia de seguridad nacional y temas como los aranceles se resuelven más en la arena judicial, favorable a Trump, y no en la legislativa. Todo puede esperarse de Trump, como dice Jorge Castañeda, es impredecible, el tema es el comercio.
En la región y en México tendrá impacto la disputa por la candidatura presidencial republicana entre el joven vicepresidente JD Vance y Marco Rubio, senador de Florida, consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y secretario de Estado. Cierto es que el presidente Trump es quien dirige y decide, pero por ahora su fracaso con Irán y su inexplicable vuelco a favor de Rusia y ambigüedad hacia China vuelve más relevante la política hemisférica. Rubio recomendará cautela y que las decisiones en la región tengan sustento en inteligencia y con amplias probabilidades de éxito, en otras palabras, aprender del fracaso con Irán.
Ante este escenario el endurecimiento de la presidenta Sheinbaum y su resistencia para detener o extraditar cualquier funcionario mexicano con jerarquía del régimen tiene posibilidades de éxito. Es difícil, aunque no remoto, escenarios extremos o de ruptura. Lo que sí es altamente probable es que el gobierno norteamericano, con el departamento de Estado a la cabeza, insista en la detención de políticos mexicanos asociados con el narcotráfico, mucho más si ya están judicializados en alguna corte norteamericana.




