La historia detrás de “No me platiques más”
T-MEC, clave para la industria
La revisión del T-MEC entra en una fase particularmente delicada para la industria de vehículos pesados establecida en México. Mientras la Secretaría de Economía, encabezada por Marcelo Ebrard, intenta avanzar en acuerdos que reduzcan los aranceles aplicados por Estados Unidos al acero, aluminio y vehículos, las elecciones intermedias de este 3 de noviembre añaden un componente político que difícilmente puede separarse de la negociación comercial.
Para la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (ANPACT), que encabeza Rogelio Arzate, el mensaje no ha cambiado demasiado: mantener las actuales reglas de origen y evitar nuevas cargas para una industria que ya realizó inversiones bajo las condiciones establecidas en el tratado.
El problema es que la incertidumbre ya no proviene únicamente de lo que pueda modificarse en el T-MEC. Donald Trump ha endurecido su discurso sobre la producción automotriz en México y ha convertido los aranceles en una herramienta permanente de su política industrial.
En ese escenario, cumplir con las reglas comerciales deja de ser suficiente si después aparecen nuevos costos para ingresar al mercado estadounidense. Los fabricantes pueden aumentar contenido regional, modificar proveedores y ajustar cadenas de suministro, pero difícilmente pueden planear inversiones de largo plazo si las condiciones de acceso cambian al ritmo de la política interna de Washington.
México ha entregado ya elementos técnicos para la revisión del acuerdo y, hasta ahora, Economía ha insistido en que el objetivo es reducir barreras, no elevar nuevamente las reglas de origen. Para la industria de vehículos pesados esto resulta fundamental.
Los fabricantes llevan años adaptando procesos para cumplir con mayores porcentajes de contenido regional y laboral, además de los requisitos aplicables al acero y aluminio. Modificar otra vez esas condiciones obligaría a revisar decisiones de inversión y proveeduría que precisamente se tomaron para fortalecer la integración de Norteamérica.
Pero la discusión va más allá del autotransporte. La banca y distintos analistas han advertido que el comercio internacional atraviesa una transformación que está obligando a las empresas a replantear dónde producen, de quién compran y hacia qué mercados exportan.
La globalización abierta está cediendo terreno frente a esquemas regionales donde pesan cada vez más las reglas de origen, la seguridad de las cadenas de suministro y las políticas industriales nacionales. Para México esto puede convertirse en una oportunidad, pero solamente si logra conservar una ventaja básica: acceso competitivo y previsible al mercado estadounidense.
Ahí aparece otra de las contradicciones del momento. Estados Unidos busca reducir su dependencia de Asia y fortalecer la producción dentro de Norteamérica, mientras México tiene capacidad industrial, proveedores y mano de obra para ampliar esa integración.
Sin embargo, imponer nuevos aranceles o modificar constantemente las reglas termina elevando los costos precisamente para las empresas que ya producen dentro de la región. Si el objetivo es atraer inversiones en manufactura avanzada, componentes electrónicos, semiconductores o software, la certidumbre comercial termina siendo tan importante como los incentivos.
La industria mexicana llega a esta etapa de la revisión con inversiones realizadas y empresas que ya ajustaron sus operaciones para cumplir con el T-MEC. Después de las elecciones estadounidenses vendrán nuevas señales desde Washington y probablemente una definición más clara sobre el rumbo de las negociaciones.
Para ANPACT, la discusión debería concentrarse en eliminar las barreras que aparecieron después de firmado el acuerdo y no en agregar nuevas obligaciones a quienes ya producen en Norteamérica.
*** El plástico, motor productivo
Hablar de la industria del plástico es referirse a un sector fundamental para la actividad productiva de México, cuya presencia abarca desde los empaques que protegen alimentos y los componentes que hacen más eficientes los vehículos, hasta los dispositivos médicos, la construcción, la infraestructura y la electrónica.
Su importancia también se refleja en entidades como Querétaro, donde registra un importante desarrollo. Este sector es generador de empleos en segmentos de autopartes, productos de uso industrial, bolsas y películas plásticas.
Con más de 6 mil empresas en México, de las cuales 78% son micro y pequeñas, muchas de ellas familiares, esta industria impulsa el emprendimiento, la inversión en maquinaria y el desarrollo de procesos de transformación.
Datos de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (ANIPAC), que preside Benjamín del Arco, revelan que aporta el 3.1% del PIB manufacturero, con un valor estimado de 375 mil millones de pesos, cifras que confirman su peso en la economía nacional.
*** Diálogo como vía legislativa
TOME NOTA *** La relación entre los representantes populares y las organizaciones de la sociedad civil no tendría que limitarse a los periodos electorales. En ese terreno, el diputado federal Eruviel Ávila Villegas abrió un espacio de interlocución con 13 pastores y representantes de distintas congregaciones religiosas, con la intención de conocer sus inquietudes y explorar posibles vías de apoyo desde el ámbito legislativo.
El encuentro coloca sobre la mesa la importancia de escuchar a sectores cuya actividad también forma parte de la vida comunitaria. Entre los participantes destacaron David Manzano García y Abel Galván Muñoz, de la Unión de Pastores Evangélicos del Estado de México; así como Samuel Torres Aguilar, José Manuel Bermudez Rodríguez y Enrique Durán Rivas, de Visión Celestial.
La reunión también contó con representantes de Ministerios El Shadai en México, Alianza Ministerial Internacional, APOTEEE, TMR, ÁGAPE, UPOLE, ICIAR y la Iglesia Bautista. El reto será traducir ese intercambio de ideas en propuestas concretas, dentro de las atribuciones del Congreso.




