Itinerario político
La Confederación de Trabajadores de México (CTM) enfrenta uno de los momentos más importantes de su historia reciente. La declinación voluntaria de Carlos Aceves del Olmo, argumentada por motivos de salud, abrió un proceso de reorganización interna marcado por tensiones, reposicionamientos acelerados y viejas prácticas que chocan con un nuevo contexto laboral: reducción de la jornada, incrementos sostenidos al salario mínimo y una exigencia creciente de representatividad real.
En ese escenario aparecen varios nombres; Fernando Salgado Delgado, ex legislador priista, secretario del Trabajo de la CTM y uno de los secretarios generales adjuntos. Formado bajo el padrinazgo de Joaquín Gamboa Pascoe y con la tutoría directa de Aceves, representa la carta de la continuidad administrativa aunque enfrenta resistencias de sindicatos de base que demandan una mayor apertura.. Su trayectoria es extensa, pero también cargada de señalamientos: dos diputaciones plurinominales sin campaña y una imagen de operador de élite, distante de las bases que hoy demandan apertura y renovación efectiva.
Tereso Medina, ex senador coahuilense y actual Secretario General Adjunto con más de cuatro décadas de trayectoria, se perfila como el más probable sucesor de Aceves Del Olmo. Su coordinación directa con la dirigencia encabezada por Aceves ha contribuido a consolidar la unidad interna, la gobernabilidad sindical y la adaptación de la CTM a los nuevos retos de la central obrera.
Abelardo Carrillo Zavala, exgobernador priista de Campeche (1985–1991) y actual secretario de Asuntos Económicos del Comité Nacional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM). Hasta ahora no ha mostrado intención clara de disputar el liderazgo, Su nombre ha sido mencionado en investigaciones periodísticas por presuntos esquemas de corrupción relacionados con el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit), lo que añade un elemento de controversia a su perfil en un momento en que la central obrera enfrenta exigencias de mayor transparencia y rendición de cuentas.
Gerardo Cortés García, secretario general del Sindicato Nacional de Harineros y Panificadores y secretario general adjunto de la CTM. Su historia contrasta con la de otros aspirantes: comenzó como trabajador de limpieza en Grupo Bimbo y creció desde la base. Es integrante de la Comisión de Vigilancia del IMSS y es reconocido por su cercanía con los trabajadores, la solidaridad intersindical y una narrativa de mérito propio. Hoy funge, además, como uno de los encargados provisionales del proceso interno.
En medio de este lista destaca Alfonso Godínez Pichardo, secretario general de la Federación de Trabajadores CTM de la Ciudad de México y líder del Sindicato de Traslado Federal de Valores. Su nombre comenzó a circular tras la salida de Aceves, acompañado de una súbita oleada de información positiva sobre su figura. Las críticas no son menores ni nuevas entre los cuadros sindicales: Su liderazgo no es producto de una disputa abierta ni de un proceso competitivo, sino de una sucesión heredada que reproduce los vicios que hoy se cuestionan dentro de la CTM; su base real se concentra en la Ciudad de México y en un sindicato de dimensiones reducidas, lo que contrasta con su aspiración a encabezar una confederación de alcance nacional.
De manera recurrente se le observa rodeado de escoltas armados y existen denuncias y acusaciones que, sin haber sido aclaradas públicamente, pesan sobre su imagen. A la vez que su eventual postulación revive el malestar histórico entre federaciones del centro y del norte del país, estas últimas cada vez más vocales en la exigencia de equilibrio en la conducción nacional. El perfil de Godínez intenta presentarse como un rostro de “reorganización” y cercanía con las bases, sin embargo, encarna justo lo que muchos trabajadores cuestionan: liderazgo heredado, estructura pequeña y proyección inflada por una narrativa reciente, construida al calor del relevo y no a lo largo del tiempo.
La CTM no solo elige dirigente; define si se adapta o se fosiliza. En un contexto de reformas laborales profundas, apostar por candidaturas con legitimidad limitada y antecedentes opacos sería insistir en el pasado, cuando el reto exige algo más que comunicados y fotos de ocasión.




