LA COSTUMBRE DEL PODER: Transgénicos

26 de noviembre de 2012
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1:15
Gregorio Ortega

Compiten en México industrias del alimento, quieren  administrar su producción; con hambre establecerán controles políticos para asegurar la globalización.

Las decisiones presidenciales de última hora, las tomadas bajo la presión del tiempo que se fue, las instrumentadas con la idea de entrar a la historia antes de entregar todo el poder, resultaron perjudiciales para México, como ocurrió con la estatización bancaria, o esa ocurrencia de cambiar el nombre al país.

Ahora, informan a través de las redes sociales que, durante dos semanas, más de 18 mil personas actuaron para suplicarle (nadie exige) al presidente que proteja el maíz mexicano, e impida la siembra comercial de variedades genéticamente modificadas de este grano. ¿Qué quedó de la Comisión Nacional del maíz? ¿Quién recuerda a Gabriel Ramos Millán? Únicamente Diego Fernández de Cevallos, por lo cobrado a sus herederos.

En respuesta a esta presión, el secretario de agricultura,  Francisco Mayorga, declaró que no es posible autorizar la siembra comercial de maíz transgénico durante esta administración; sin embargo, hasta el momento esta declaración no se ha hecho oficial y, por lo tanto, la amenaza transgénica todavía pende sobre el maíz mexicano.

Al iniciar octubre, Monsanto -la mayor productora de semillas genéticamente modificadas y agrotóxicos del mundo- solicitó, ante la Secretaría de Agricultura, autorización para sembrar comercialmente variedades transgénicas de maíz en 700 mil hectáreas de Sinaloa, lo cual equivale a toda su superficie cultivable con sistemas de riego.

Pero hay alarma por lo que puede suceder con el maíz mexicano, pues se difunde en la Red que están en proceso las primeras solicitudes de las trasnacionales Monsanto y Pioneer (propiedad de DuPont) para sembrar maíz transgénico a escala comercial en México: un millón 400 mil hectáreas en Sinaloa y más de un millón de hectáreas en Tamaulipas. Esto equivale a una superficie mayor que todo el Estado de México, 17 veces el tamaño del Distrito Federal, y más grande que la suma de todo el DF, Morelos, Tlaxcala, Colima y Aguascalientes juntos. Es también muy superior a decenas de países enteros, por ejemplo, El Salvador, Kuwait o Luxemburgo.

Advierten los ambientalistas que en más de la mitad de esa superficie, quieren usar el mismo tipo de maíz transgénico (con el gen Mon603) que produjo cáncer en ratas en el experimento del doctor Seralini, en Francia, cuyos resultados publicó en octubre 2012. Las empresas y científicos afines a ellas se han dedicado a denostar el estudio, pero ¿usted quiere correr el riesgo? Claro que no. ¿Por qué hacerlo, si además existen muchísimas variedades de maíces que no significan ninguno, e incluso variedades que tienen mayor rendimiento?

Advierten con énfasis: “Sin embargo, contra toda lógica de bien público y soberanía, el gobierno saliente quiere aprobar estas monstruosas solicitudes que implican riesgos enormes contra la salud de la población y amenazan uno de los más importantes patrimonios genéticos de México, para cumplir turbios acuerdos con las trasnacionales”.

El país está en medio de una complicada competencia entre industrias del alimento, por hacerse con la administración de su producción, porque será a través del hambre como se establezcan los controles políticos para asegurar la globalización.

QMX/gom

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