Libros de ayer y hoy
@guerrerochipres
La soberanía en el gobierno de Claudia Sheinbaum está más allá de la defensa simbólica de las fronteras, es ejercicio concreto de control territorial y conducción política frente a los poderes fácticos.
En ese contexto, la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, y la propuesta de reforma electoral son piezas de una misma estrategia: consolidar al interior el mando institucional.
Cuando Donald Trump intenta apropiarse del operativo en Jalisco —“hemos eliminado a uno de los más siniestros cabecillas de los cárteles”— como si se tratara de un trofeo estadounidense, Sheinbaum opta por la precisión sutil y elegante: “toda la operación fue de la Secretaría de la Defensa Nacional, como se informó adecuadamente. Ya conocemos al Presidente Trump, pero la información que hemos dado es la correcta”. En política exterior, la sobriedad es poder.
Para la Presidenta, el éxito de la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas confirma un modelo que descarta el tutelaje externo. El Estado Mexicano puede desarticular estructuras criminales de cualquier nivel con sus propios recursos y capacidades.
Si la soberanía implica decidir sin interferencias indebidas, la arquitectura institucional facilita la ejecución de decisiones públicas. Desde la óptica del gobierno, el rediseño electoral busca corregir distorsiones acumuladas y cerrar espacios que considera capturados o ineficientes. Una apuesta por compactar el poder para hacerlo operativo.
Para este engranaje, la gestión territorial de Clara Brugada en la Ciudad de México ofrece una versión local de esa misma lógica de control y presencia estatal. Recuperar espacios públicos, fortalecer redes comunitarias y atender zonas periféricas es una estrategia de afirmación institucional. Donde el Estado está presente con servicios, iluminación, programas y proximidad, la soberanía deja de ser abstracta.
En la visión compartida por Sheinbaum y Brugada, la seguridad nacional y pública es condición de la libertad. Un Estado es soberano si puede garantizar la integridad de su población y hacer valer la ley. Sin ese piso mínimo, cualquier discurso sobre independencia resulta retórico.
Por eso, la eficacia desplaza a la ideología. El pulso del sexenio se mide en resultados verificables: operativos que concluyen con detenciones relevantes, instituciones que funcionan, territorios donde el miedo retrocede. La soberanía, entendida así, es capacidad que se ejerce.
Salvador Guerrero Chiprés es coordinador general del C5 de la Ciudad de México




